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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1956

Después del desayuno.

Lourdes acompañó a Aldana y a Rogelio hasta la puerta.

—¿No pueden quedarse un par de días más? —Lourdes le tomó la mano a Aldana con los ojos enrojecidos, reacia a dejarla ir.

—Tengo muchos asuntos que resolver en la universidad.

—¿No puedes pedirle a Rogelio que se encargue? —Lourdes frunció los labios—. O peor de los casos, ¡yo pongo el dinero y compramos la universidad!

Estudiar la tenía tan agotada. ¡¿Qué sentido tenía entonces?!

—Por favor, ¡es una institución pública! —Aldana no pudo evitar sonreír—. Aunque tenemos dinero, ¡tampoco somos tan extravagantes!

—Oh.

Bravaria era un país independiente, no tenían tantas restricciones allí.

—Cuando termine con todo este ajetreo, volveré para acompañarte.

Aldana la consoló con voz suave:

—O simplemente déjale el casino a Don Eu y regresa con nosotros a la capital.

Al fin y al cabo, Darío ya conocía bien el negocio. Si quería jugar al empleado sacrificado, que lo hiciera a sus anchas.

...

Don Eu, que estaba de pie a un lado, levantó la mirada, incapaz de ocultar su pánico por un instante.

Si Lourdes aceptaba, él tendría que quedarse en el casino.

Y no había manera de partirse en dos para inventar otra identidad y estar cerca de ella.

Era tan lista que tarde o temprano lo descubriría.

—Don Eu ya está mayor, no le conviene agotarse tanto.

Lourdes negó con la cabeza y dijo en tono bajo:

—Volveré en cuanto organice todo el trabajo.

—Me parece bien.

Aldana miró a Don Eu de reojo y soltó con ironía:

—Vaya, Lourdes sí que se preocupa por sus empleados. Don Eu, más vale que cuide bien de ella.

—Pierda cuidado, Srta. Carrillo, me esforzaré mucho.

Don Eu soltó un suspiro de alivio. Si la Srta. Carrillo no se iba pronto, le iba a dar un infarto.

Al salir del Costa Oeste, el vehículo no se dirigió al aeropuerto, sino que tomó rumbo al Casino Amanecer.

Media hora después.

La puerta del auto se abrió. Llevando puestas máscaras hiperrealistas de silicona y abrigos negros a juego, bajaron los esposos.

Con paso relajado y largas piernas, caminaron hacia la entrada del Casino Amanecer.

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