—¿Pero eso qué importa? ¡Tengo tiempo de sobra, gastaré toda una vida esperando por ella!
Aunque no tuviera el título oficial de «esposo», con tal de estar a su lado se daba por bien servido.
¡Era un obsesivo del amor de primer nivel!
—Cuídala bien.
Al ver que lo tenía todo claro, Aldana no preguntó más y solo le hizo una advertencia:
—Tu posición es tanto una bendición como una maldición. Más vale que protejas a Lourdes. Si le pasa algo malo, olvídate de que tu Continente de Bravaria viva en paz.
Los misiles de largo alcance que el Submundo desarrolló recientemente también podían alcanzar el territorio del Continente de Bravaria.
—Descuida, protegeré a Lourdes y a nuestro bebé con mi vida.
Darío se puso de pie, bajando ligeramente la cabeza:
—En cuanto a mi identidad, les ruego a ambos que guarden el secreto.
Si se exponía ahora, Lourdes no se lo perdonaría.
Y su camino para reconquistarla sería aún más tortuoso.
—¡Eso espero!
Aldana apartó la mirada y se dirigió a Rogelio, soltando un bostezo:
—Tengo sueño, volvamos.
—Mmh.
Rogelio la abrazó por los hombros y caminaron de regreso conversando, destilando un amor envidiable.
***
Lourdes terminó con su trabajo.
Regresó a su habitación.
Vio a Aldana recostada en la cama, con las piernas cruzadas, jugando en su teléfono.
—¿Y el viejo zorro? —preguntó extrañada tras dar un vistazo rápido.
—En la habitación de al lado. ¡Hoy le toca dormir solo! —Aldana apartó la sábana, palmeó el espacio a su lado y curvó sus labios rojos—. No le hagas caso, ¡ven a dormir conmigo!
—¡Claro!
Lourdes sonrió, se dio una ducha rápida y se acostó junto a su hermana, abrazándole el brazo con cariño:
—Aldi, ¿por qué viniste a Bravaria tan de repente?
—Estaba preocupada por ti. Tenía miedo de que perdieras a tu admirador y te escondieras a llorar —Aldana bajó la mirada, aliviada al ver la felicidad en el rostro de Lourdes—. Pero al ver que estás tan bien, ya me puedo quedar tranquila para darle el reporte a la familia.
—Estoy bien.

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