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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 228

Lucio no hizo más preguntas, ingresó la dirección de Residencial Los Jardines en el GPS y condujo hasta allí.

Al estacionar en el aparcamiento subterráneo, Úrsula bajó del auto y notó con resignación que Lucio también se bajaba.

Al parecer, no tenía intención de irse.

A esas horas de la noche, el garaje subterráneo estaba completamente desierto. El espacio vacío hacía que cualquier pequeño ruido resonara con un eco nítido.

Lucio echó un vistazo rápido a su alrededor de manera disimulada; todo parecía normal.

Úrsula caminaba por delante, el dobladillo de su abrigo blanco meciéndose suavemente con cada paso. Llevaba unos tacones bajos que hacían un clic-clac ligero al tocar el suelo.

Lucio caminaba detrás, siguiéndola a paso perezoso pero constante.

Con sus piernas largas, no tardó más que unos pocos pasos en alcanzarla y, pasando un brazo por su cintura, la atrajo hacia él.

Ambos abrigos, uno negro y el otro blanco, se entrelazaron, pareciendo inseparables.

Úrsula bajó la mirada, devanándose los sesos tratando de encontrar una forma educada de echarlo.

Sentía que últimamente la distancia entre ellos era demasiado íntima, excediendo por mucho el respeto mutuo que se suponía debían tener en un matrimonio por conveniencia.

En la cama, de acuerdo. Pero fuera de ella, cada uno debería ocuparse de sus propios asuntos y tener su propio espacio. Asistir juntos a eventos formales estaba bien, pero este era su tiempo personal.

Lucio estaba ajeno a su conflicto interno.

Gran parte de su atención estaba concentrada en vigilar el entorno. Aunque un inválido como Mateo Silva escapándose no parecía una gran amenaza, siempre existía un riesgo.

No era que estuviera locamente enamorado o sintiera un afecto desbordante por Úrsula, pero si le ocurría algo a su recién estrenada esposa, sería un maldito dolor de cabeza.

Y Lucio odiaba los dolores de cabeza. Tenía que erradicar cualquier posibilidad de peligro desde la raíz.

Ambos caminaban perdidos en sus propios pensamientos.

Dejaron el aparcamiento y entraron al ascensor del edificio.

Los números en el panel digital comenzaron a subir.

—Hoy llevas tacones —comentó Lucio.

Úrsula, al escucharlo, asintió con un murmullo.

Él bajó la mirada para observar sus zapatos.

Al notar esto, Úrsula levantó ligeramente el pie para que los viera mejor.

—¿Pasa algo? ¿Tienen algún problema? —preguntó ella, levantando esos grandes y expresivos ojos oscuros.

Lucio desvió la mirada, puso la palma de su mano en la espalda de ella y la acercó aún más a su cuerpo.

—Ninguno. Se te ven bien.

—Gracias por el cumplido.

Ella sentía que él estaba actuando muy extraño esta noche.

*Ding.* El ascensor llegó a su destino y las puertas se abrieron.

Abrieron la puerta del apartamento y entraron. Era el lugar donde Úrsula solía vivir sola antes de casarse.

Antes de que ella siquiera pudiera encender la luz, en medio de la penumbra del recibidor, los labios de Lucio se apoderaron de los suyos.

Capítulo 228 1

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