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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 236

Al día siguiente, los invitaron a un evento de la familia Arriaga. Para prepararse, ambos terminaron sus jornadas más temprano de lo habitual. Úrsula regresó del centro cultural y Lucio de la oficina. Un Porsche gris plateado y un Phantom negro ingresaron al garaje de la Mansión Poniente, uno detrás de otro, estacionándose lado a lado.

El mayordomo ya había recibido los trajes y vestidos con antelación, y los estilistas personales aguardaban su llegada.

Cuando Úrsula terminó de arreglarse, salió de la habitación con un vestido elegante y un peinado impecable. Lucio ya la esperaba sentado en el sofá de la planta baja.

Sus miradas se cruzaron.

—Vámonos.

—De acuerdo.

El chofer condujo el vehículo con suavidad, cruzando las puertas de la mansión en dirección al lugar del evento.

Las farolas iluminaban las amplias avenidas, y la noche fue cubriendo la ciudad con su velo oscuro.

En el asiento trasero.

Úrsula se recostó en el respaldo y abrió uno de sus grupos de chat al azar.

Varios de los hijos de las familias más importantes ya habían llegado a la finca donde se celebraba la fiesta, y estaban compartiendo fotos en el grupo.

Eventos de este tipo siempre eran la oportunidad de oro para el networking, especialmente para los que amaban ser el centro de atención. La familia Arriaga era una de las más respetadas de Nueva Alborada, y después de varios años de haber mantenido un perfil bajo, casi sin vida social, esta era la primera gran celebración que organizaban, por lo que la asistencia prometía ser multitudinaria.

Los mensajes del grupo llovían uno tras otro.

—¡A los que no han llegado, apúrense! ¡Esto se va a poner buenísimo!

—¿De qué hablan?

—¡Julieta Jiménez y Lucas Lozano acaban de llegar a la fiesta!

—¡No manches! ¿Qué no se iban a divorciar? ¿Siempre no?

—No vinieron juntos. Sus carros casi se dan un beso en la entrada principal. Si quieren ver el espectáculo, córranle, no se hagan los importantes queriendo llegar al final y perdiéndose todo el show.

—Estoy en un viaje de trabajo y sigo atrapado en el tráfico en la carretera. Si alguien ya está allá y empiezan a hacer su teatrito, ¡grábenlo! ¡Lo quiero ver!

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