El auto llegó al lugar del evento en pocos minutos. Una procesión de vehículos de lujo ingresaba por las puertas principales, presagiando una velada tan suntuosa como espectacular.
Úrsula, del brazo de Lucio, entró al gran salón, atrayendo las miradas de los presentes.
Uno de los anfitriones de la familia Arriaga se acercó de inmediato.
—Señor Silva, bienvenido.
Lucio esbozó una leve sonrisa, le estrechó la mano con cordialidad pero sin demasiada confianza, e intercambió un par de frases corteses.
El anfitrión también saludó a Úrsula de manera amable, pero sin prestarle mayor atención.
Eso tranquilizó un poco a Úrsula.
Al fin y al cabo, su relación con Dante Arriaga había sido un amor universitario bastante fugaz. Nadie en ese círculo social le había dado importancia, y lo más probable es que todo el mundo ya lo hubiera olvidado.
Para Úrsula, ahora una mujer casada, esa era la mejor de las noticias.
Tras unas cuantas palabras más, el protocolo de cortesía con la familia anfitriona se dio por cumplido.
Lucio rechazó sutilmente a varios invitados que intentaban entablar conversación y llevó a Úrsula hacia uno de los cómodos sillones del salón.
Se acercó a su oído y murmuró:
—Si te aburres, ve a dar una vuelta, pero no te alejes demasiado. En cuanto regrese, nos vamos.
Úrsula asintió.
Lucio se dio la vuelta y se alejó.
Úrsula lo siguió con la mirada y vio cómo salía por una puerta trasera. A su lado caminaba Tomás, que había aparecido de la nada.
Las figuras de ambos se perdieron en la oscuridad de la noche.
El salón estaba deslumbrantemente iluminado y lleno de gente. Úrsula comenzó a platicar con unas conocidas que se encontraban cerca.
No había pasado mucho tiempo cuando las chicas se pusieron de pie, jalándola consigo.
—¡Vamos, vamos! ¡Hay un escándalo en el jardín!
Úrsula preguntó, llena de curiosidad:
—¿Qué está pasando?
Una de las chicas a su lado le respondió entusiasmada:
—¡Julieta Jiménez y Lucas Lozano se están peleando en el jardín!

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