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Matrimonio por un embarazo accidental romance Capítulo 22

POV Evania

—¿Estás loca? ¿De verdad quieres hacer esto, Evania?

La voz de Lisandro tembló frente a mí.

Lo miré en silencio.

Había rabia en sus ojos, pero también algo más que no quería identificar. Algo que me hacía sentir todavía peor.

—Nuestros hijos... —continuó—. ¿De verdad quieres quitarles su familia?

Sus palabras me atravesaron el pecho.

Nuestros hijos.

Siempre encontraba la manera de mencionarlos.

Como si yo no pensara en ellos cada segundo de mi vida.

Como si no hubiera pasado noches enteras preguntándome si estaba tomando la decisión correcta.

Como si separarme de él fuera algo que hacía por capricho.

Sentí que las lágrimas comenzaban a acumularse en mis ojos, pero sonreí.

No iba a llorar frente a él. No esta vez.

—Yo no fui quien hizo esto, Lisandro.

Mi voz salió más tranquila de lo que esperaba.

—Pero nuestros hijos son fuertes. Y algún día entenderán que esto era necesario.

Él dio un paso hacia mí.

—¿Necesario? ¿Cómo puedes decir que esto es necesario?

—Porque es mejor esto que obligarlos a crecer viendo a dos personas que ya no pueden estar juntas sin hacerse daño.

Lisandro negó con la cabeza.

—Eso no es cierto.

—Sí lo es.

—No.

Su respuesta fue inmediata.

Me miró como si quisiera encontrar alguna grieta en mi expresión.

—Dime por qué estás haciendo esto.

Apreté los labios. Ya no quería discutir.

Así que saqué mi teléfono.

Abrí la fotografía que había recibido y se la mostré.

La pantalla quedó entre nosotros. Aquella imagen.

La misma que había destruido la última esperanza que tenía.

Una fotografía demasiado íntima de Lisandro con Constanza.

Vi cómo sus ojos se dirigieron a la pantalla.

Su rostro cambió.

Primero fue sorpresa. Después desconcierto.

Finalmente, palideció.

—¿Quién...?

Levantó la mirada hacia mí.

—¿Quién te envió esto?

Solté una pequeña risa. No porque me causara gracia.

Sino porque ya estaba cansada.

—¿Acaso no lo sabes?

—Evania...

—Lo sabes.

Mi voz se quebró ligeramente, pero continué.

—Sabes perfectamente quién fue. Fue Constanza.

Lisandro se quedó callado.

Yo guardé el teléfono.

—Firma el divorcio.

—Evania...

—Fírmalo o voy a llevar esto ante la corte.

Él me miró con incredulidad.

—¿Me estás amenazando?

—Te estoy diciendo lo que voy a hacer.

Respiré profundamente.

—Si quieres convertir esto en una batalla legal, adelante. Pero voy a demostrar que me engañaste.

Sus ojos se endurecieron. Y entonces apareció esa expresión que conocía tan bien. La rabia.

—¿Quién te crees que eres, Evania?

Sentí un nudo en el estómago.

—¡Tú arruinaste mi vida hace tres años!

La acusación me golpeó.

—Y ahora vienes otra vez a destruirla. ¡Quieres quitarme a mis hijos! ¡Quieres destruir la familia que construí para ellos!

Me quedé mirándolo.

Por un instante quise gritar.

Quise decirle que él no tenía derecho a hablar de una familia perfecta.

Pero no lo hice. Solo sonreí.

Una lágrima escapó de mis ojos.

La limpié rápidamente.

—Piensa lo que quieras.

—Evania...

—Ya no me importa.

Mi voz sonó extrañamente tranquila.

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