POV Lisandro
No pude dormir.
Me encontraba en un hotel, sentado al borde de la cama, con la mirada perdida en la oscuridad.
Había intentado cerrar los ojos.
Una y otra vez.
Pero cada vez que lo hacía, escuchaba la voz de Evania.
“¡Te odio!”
Aquellas palabras seguían repitiéndose dentro de mi cabeza.
No esperaba que me hablara así.
Sabía que estaba herida.
Sabía que estaba furiosa conmigo.
Pero escucharla decir que me odiaba con aquella crueldad me había tomado completamente desprevenido.
Me llevé una mano al rostro.
Estaba agotado.
No solamente físicamente. Sentía como si mi cabeza estuviera a punto de explotar.
Todo había ocurrido demasiado rápido.
Mi matrimonio estaba terminado.
Constanza estaba enferma.
Y yo había tomado una decisión que ahora comenzaba a pesarme mucho más de lo que esperaba.
Me levanté y caminé hasta la ventana.
La ciudad comenzaba a despertar.
Miré las calles desde las alturas.
***
Al día siguiente supe que mis hijos estaban con mi madre.
No lo pensé demasiado.
Fui a verlos.
Necesitaba estar con ellos.
Necesitaba recordar que, a pesar de todo, seguía siendo su padre.
Cuando llegué, encontré a mi madre en el jardín.
Los niños jugaban bajo su supervisión.
En cuanto me vio, su expresión cambió.
No había alegría. Había rabia.
—¿Sabes dónde está Evania? —pregunté.
Mi madre me miró durante unos segundos.
—Está descansando.
—¿Dónde?
—No lo sé.
Fruncí el ceño.
—Mamá...
—Ella tomó un descanso y lo merece.
Su voz era fría.
—Después de todo lo que ha pasado, déjala tranquila. Yo cuidaré a mis nietos.
Mi madre siempre había sido así.
Franca. Directa.
Nunca había tenido miedo de decirme lo que pensaba, aunque fuera precisamente lo que yo no quería escuchar.
—Voy a casarme con Constanza.
Lo dije finalmente.
Mi madre me miró como si acabara de anunciarle que había perdido la razón.
—¿Estás idiota?
—Mamá...
—No, Lisandro. Te estoy preguntando seriamente. ¿Estás idiota?
Suspiró.
Entonces vi algo que me sorprendió.
Sus ojos estaban llenándose de lágrimas.
—No la quiero —dijo.
Me quedé inmóvil.
Su voz se quebró ligeramente.
—No es nada para mí. No la traigas ante mí.
—Es la mujer que voy a...
—Haz lo que quieras.
Me interrumpió.
—Pero si algún día tienes hijos con ella, ni creas que voy a quererlos.
Sentí una punzada.
—Madre...
—Mis únicos nietos son esos dos.
Señaló a los niños.
—Ellos son mis únicos nietos. Y no pienso permitir que nadie les quite ese lugar.
—¿Cómo puedes tratarme así?
Mi madre respiró profundamente.
—Porque alguien tiene que decirte la verdad.
—¿Qué verdad?
Me miró directamente.
—¿De verdad crees que Constanza volvió por ti?
Me quedé callado.
—Volvió por tu dinero.
—¡No!
Mi madre arqueó una ceja.
—¿No?
—Constanza es rica. Incluso tiene más dinero que yo.
Mi madre sonrió con tristeza.
—Eso es precisamente lo que no entiendes.
Se acercó.
—Apenas este año podrá conseguir acceso completo a su fortuna. Antes tenía una mensualidad que ni siquiera se compara con lo que tú manejas.
No respondí.
—Mira, Lisandro —continuó—, tal vez estoy equivocada. Tal vez Constanza realmente te ama. Tal vez tú también la amas.
Bajó la mirada.
—Pero no hagas esto así.
—¿Qué quieres que haga?
—No destruyas tu vida intentando arreglar algo que tú mismo rompiste.
Sentí un nudo en la garganta.
—Madre, Constanza tiene leucemia.
Ella se quedó completamente quieta.
—Está muriendo.
Vi cómo su rostro cambiaba.
La dureza desapareció por un instante.
—Vaya...
Se llevó una mano al pecho.
—Lo siento por ella.
Después me miró.
—Pero dime algo.
—¿Qué?
—¿Te vas a casar con ella porque la amas o porque está enferma?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Matrimonio por un embarazo accidental