POV Evania
Subí a mi auto sin mirar atrás.
No quería saber qué había ocurrido con Constanza.
No le deseaba el mal.
Aunque me hubiera hecho sufrir, no quería verla morir.
Pero tampoco quería quedar atrapada en sus problemas.
Ya había perdido demasiado.
Encendí el motor y salí del juzgado.
Intenté concentrarme en el camino, pero mis manos estaban tensas sobre el volante.
Había firmado mi divorcio.
Debería haber sentido alivio.
Sin embargo, tenía una sensación extraña en el pecho.
Conduje apenas un par de calles cuando un automóvil se atravesó frente a mí.
Frené bruscamente.
—¿Qué demonios...?
Reconocí el auto de Nick.
Él bajó del auto.
Yo hice lo mismo, porque no tenía intención de permitir que me encerrara dentro del mío.
—¿Qué quieres?
Nick caminó hacia mí con el rostro endurecido.
—Constanza está enferma. Necesita donadores de sangre. Yo ya doné y no puedo volver a hacerlo tan pronto.
Lo miré sin entender.
—¿Y?
—Así que donarás tú.
Solté una risa incrédula.
—Estás loco. No puedo.
—¡Mientes!
—No estoy mintiendo.
Intenté regresar a mi automóvil.
Entonces me tomó del brazo.
—¡Suéltame!
—Vas a venir conmigo.
—¡No!
Me resistí, pero Nick era más fuerte.
Me arrastró hacia su vehículo mientras yo intentaba soltarme.
—¡Estás cometiendo un delito! ¡Suéltame!
—Solo estás haciendo un drama.
—¡Te voy a denunciar, idiota!
Nick ignoró mis palabras y ordenó a su chofer que condujera mi auto y lo llevara tras nosotros.
Intenté abrir la puerta.
No pude.
El auto comenzó a avanzar.
Mi corazón empezó a latir con fuerza.
—¡Déjenme salir!
Nadie respondió.
***
Hospital.
Cuando llegamos, Nick volvió a obligarme a bajar.
—¡No voy a donar!
—Ya veremos.
Me llevó prácticamente a rastras hacia el área de donaciones.
—Ella donará sangre para Constanza Hang —le dijo a la enfermera.
Entonces levanté la mirada.
Y sentí que el estómago se me revolvía.
Ahí estaban mis padres. Y también Lisandro.
Todos me estaban esperando.
—¡No voy a donar! —exclamé—. ¡Me trajeron a la fuerza! ¿Acaso esto no es un delito?
La enfermera abrió mucho los ojos.
Miró a Nick. Después a mis padres.
—¿Es cierto que la trajeron contra su voluntad?
—Sí —respondí inmediatamente.
La mujer tomó el teléfono.
—¿Debo llamar a la policía?
Nadie respondió.
Mi madre comenzó a llorar.
—¡Por favor, hija! ¡Salva a tu prima! No seas mala.
Retrocedí cuando intentó tocarme.
—No me toques.
Mi madre se quedó quieta.
—Evania...
—No.
Respiré profundamente.
Estaba cansada. Cansada de pelear.
—Bien —dije finalmente—. Donaré sangre.
Todos me miraron.
—Pero después me dejan en paz.
Mi voz tembló, aunque intenté ocultarlo.
—No quiero que vuelvan a buscarme. No quiero que aparezcan en mi casa. No quiero llamadas. No quiero que vuelvan a plantarse frente a mí.
Miré a cada uno.
—Y no quiero formar parte de esta familia nunca más.
Mi padre apretó los labios.
—Tú no has aprendido nada, Evania. Yo pensaba perdonarte.
Lo miré.
—No necesito tu perdón.
Mi padre pareció sorprendido.
—Ya no eres mi padre.
Sus ojos cambiaron. Por un instante creí ver dolor.
Bajó la mirada.
Después asintió lentamente.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Matrimonio por un embarazo accidental