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Matrimonio por un embarazo accidental romance Capítulo 42

POV Evania

Escuchar aquellas palabras fue como despertar dentro de una pesadilla.

Mi padre… Mi padre estaba muerto.

Durante unos segundos no pude reaccionar.

—Lo siento mucho. Necesitamos que un familiar haga el reconocimiento del cuerpo. Una enfermera los acompañará cuando esté preparado.

Después de decir aquello, se alejó por el pasillo.

Yo seguí inmóvil.

Las lágrimas comenzaron a correr por mi rostro antes de que siquiera pudiera darme cuenta.

Mi pecho dolía.

Sentía que me faltaba el aire.

Apenas unas horas atrás había hablado con él. Había escuchado su voz.

Había pensado que todavía teníamos tiempo.

Tiempo para arreglar las cosas. Tiempo para hablar.

Tiempo para preguntarle qué había querido decir con aquel secreto que mencionó.

Tiempo para entender por qué me había pedido perdón.

Y ahora ese tiempo había desaparecido.

—¡Mi padre estaba bien!

La voz de Nick me hizo volver la mirada.

Estaba frente a mi madre, completamente descompuesto.

—¿Qué pasó, madre? —preguntó—. ¿Cómo pudo pasar esto?

Mi madre lloraba. No podía dejar de llorar.

Me miró.

Y en sus ojos vi algo que hizo que mi estómago se contrajera.

—La última persona que lo vio… fue…

Hizo una pausa.

—Fue Evania.

Sentí que todo a mi alrededor comenzaba a dar vueltas.

Nick giró lentamente la cabeza hacia mí.

Sus ojos cambiaron.

La tristeza se convirtió en rabia.

No tuve tiempo de reaccionar.

Caminó hacia mí y, antes de que pudiera entender lo que ocurría, sus manos sujetaron mis hombros.

—¡Evania!

Me sacudió.

—¿Qué hiciste?

—Nick…

—¡¿No has dañado suficiente a esta familia?!

—¡Yo no hice nada!

—¡¿Qué le dijiste a mi padre?!

Sus dedos se clavaron en mis brazos.

—¡Habla!

—¡Suéltame!

—¡Lo mataste!

Aquellas dos palabras me atravesaron.

Lo mataste. Como si yo hubiera decidido que mi padre muriera.

Como si hubiera entrado a aquella habitación con la intención de hacerle daño.

Como si no fuera también mi padre.

Como si no me doliera.

—¡Yo no lo hice!

Las lágrimas comenzaron a caer con más fuerza.

—¡Yo no hice nada!

Nick volvió a sacudirme.

—¡Tú fuiste la última que estuvo con él!

—¡Porque él me pidió que fuera!

Mi voz se quebró.

—¡Él quería verme! ¡Estaba alterado, estaba confundido! Me dijo cosas que no entendí… habló de un secreto horrible, me pidió perdón y yo ni siquiera sabía por qué.

Negué desesperadamente con la cabeza.

—¡No entendí nada! ¡No tuve nada que ver con esto!

Pero Nick parecía incapaz de escucharme.

—¡Mi padre estaba bien!

—¡No estaba bien! —grité—. ¡Estaba enfermo! ¡Estaba pasando por algo y yo no sabía qué era!

Entonces alguien tomó a Nick del brazo y lo apartó de mí. Era Lisandro.

—¡Basta!

Su voz resonó en el pasillo.

Lisandro se colocó frente a mí, protegiéndome con su cuerpo.

—¡Evania no hizo nada!

Nick intentó acercarse nuevamente.

—¡Quítate!

—No.

Lisandro no se movió.

—Tu padre estaba enfermo. Acabamos de escuchar al médico. Sufrió un segundo infarto. Eso fue lo que terminó con su vida. No puedes venir aquí y culpar a Evania por algo que no provocó.

—¡Ella fue la última que lo vio!

—¿Y eso qué significa? —respondió Lisandro—. ¿Que cada persona que habla con alguien antes de que muera es responsable de su muerte?

Nick se quedó callado.

—Está sufriendo —continuó Lisandro—. Igual que tú. Igual que tu madre. Déjala en paz.

Yo apenas podía escucharlos.

Me miré las manos. Estaban temblando.

—Yo no hice nada malo…

Mi voz salió tan baja que casi nadie pudo escucharla.

—Yo lo quería.

Las lágrimas cayeron sobre mis manos.

—Jamás lastimaría a papá.

Y entonces me rompí.

Toda la fuerza que había intentado conservar desde que llegamos al hospital desapareció.

Mis piernas dejaron de sostenerme.

De pronto sentí unos brazos rodeándome.

Lisandro. Alcé la mirada hacia él.

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