POV Lisandro
Me quedé sentado dentro del auto sin encender el motor.
No sabía cuánto tiempo había pasado.
Quizá diez minutos. Quizá media hora.
El reloj del tablero avanzaba, pero yo apenas podía verlo.
Seguía pensando en las últimas palabras de Evania.
No, solo ya no te amo.
Cerré los ojos.
¿Por qué me dolía tanto?
Había sido yo quien había aceptado el divorcio.
Yo había firmado los papeles.
Yo mismo había intentado convencerme de que aquello era lo mejor para ambos.
Entonces, ¿por qué escucharla decir que ya no me amaba había provocado aquella sensación de vacío?
Apreté el volante. No tenía sentido.
Había visto dolor en sus ojos muchas veces. Había visto su enojo, sus lágrimas y su decepción.
Pero aquella vez fue diferente.
Recordè al verla bajò el agua de la regadera, tan frágil, y hermosa a la vez.
Solo quería curar su herida, que ya no sintiera dolor, abrazarla y consentirla.
¡Diablos! ¿Qué me está pasando?
Siento frustración, una zozobra que no se va, un miedo de sentir que estoy perdiendo algo irrecuperable.
Y su mirada, su mirada me inquieta, como si me dijera algo que me asusta.
Como si finalmente hubiera conseguido arrancarme de su corazón.
Y aquello me aterra más de lo que estoydispuesto a admitir.
—¿Qué me pasa? —murmuré.
Golpeé suavemente el volante con los dedos.
Quise regresar.
Quise volver a entrar en su habitación y asegurarme de que estuviera bien.
Pero recordé su mirada.
Ella ya no quería que la cuidara.
Y yo tenía que respetarlo.
No podía seguir apareciendo en su vida cada vez que me daba la gana.
Así que finalmente encendí el motor.
Conduje hacia casa.
Pero durante todo el trayecto no pude dejar de pensar en ella.
Tomé mi teléfono y llamé a uno de mis hombres de confianza.
—Quiero que hagas algo.
—Sí, señor.
—A partir de ahora, quiero vigilancia permanente alrededor de la casa de Evania.
Hubo un breve silencio.
—¿Quiere que la sigamos?
—Quiero que la protejan.
Mi voz se endureció.
—Ella acaba de pasar por demasiado. No quiero que nadie se acerque a ella con malas intenciones.
—Entendido.
—Y si alguien intenta lastimarla...
Hice una pausa.
—Me lo informan inmediatamente.
—Sí, señor.
Colgué.
Quizá Evania no quería verme.
Quizá me odiaba.
Pero eso no significaba que dejaría que alguien volviera a hacerle daño.
***
POV Evania
Un mes después.
Mi vida había vuelto poco a poco a la normalidad.
O, al menos, a algo que se parecía bastante a ella.
La enfermera finalmente había terminado sus labores.
Ya podía caminar sin sentir que cada movimiento iba a partirme en dos.
La herida había comenzado a sanar y, aunque la cicatriz permanecería, había aprendido a verla como una marca de supervivencia.
No me gustaba. Pero tampoco la odiaba.
Lo que todavía me dolía era estar lejos de mis hijos.
Mi suegra seguía cuidándolos.
Durante aquel mes hablábamos por videollamada todos los días, pero no era suficiente.
Además, estábamos en vacaciones de verano.
Y aquello lo hacía todavía más difícil.
Desde que mis hijos habían crecido un poco, habíamos convertido aquellas vacaciones en una tradición.
Todos los años hacíamos un campamento.
No importaba si era cerca o lejos.

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