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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 119

La mirada oscura de Renato se tornó afilada como la de un halcón, y una sonrisa de desprecio cruel se dibujó en sus labios.

—No te creas tan importante.

Dicho eso, la hizo a un lado sin la menor consideración, se bajó de la cama, le lanzó una mirada que era una clara advertencia y entró al baño.

La ternura apasionada de hace unos momentos se había esfumado. Cambiaba de actitud en un parpadeo; definitivamente era un hombre de piedra.

Al escuchar el sonido del agua cayendo en la ducha, la sonrisa en los labios de ella se desvaneció poco a poco, y sus ojos se quedaron vacíos por un instante.

Minutos después, recuperó la lucidez. Tomó el cheque y lo miró: un millón. Vaya, era una cuota de despido bastante generosa.

Una sonrisa cargada de sarcasmo asomó a sus labios. Con un movimiento rápido de las manos, hizo pedazos el cheque y los tiró al bote de basura.

...

Cuando Renato salió del baño, la habitación estaba vacía. No había rastro de Magdalena, ni tampoco del cheque en la mesita de noche.

Pateó el bote de basura que tenía a sus pies. Tal como lo había imaginado, además del preservativo que acababan de usar, había un montón de papelitos rasgados.

Quizás ella no pensó que él revisaría la basura, porque los pedazos no eran muy pequeños. Al juntarlos, formaban perfectamente el cheque de un millón.

Entrecerró los ojos. Su mirada se volvió inescrutable y profundamente compleja.

...

Wendy había ido a recoger los documentos que le había dejado a Renato, pero cuando Camilo le recordó qué día era, no se atrevió a subir y se quedó esperando en el auto junto a él.

Apenas encendió la radio, vio salir a Magdalena del hotel. Ella caminó hacia la avenida, hizo señas a un taxi y se subió sin más.

Camilo miró a Wendy.

—¿Acaso el Presidente Jiménez se olvidó?

Las mujeres anteriores siempre salían del hotel hechas un mar de lágrimas. Pero Magdalena había salido tan campante, sin la más mínima señal de tristeza.

Wendy lo miró sin saber qué responder.

*¿Amor?*

Renato se sintió descolocado. ¿Acaso esa mujer lo amaba?

Es cierto que mientras estuvo con él sabía cuál era su lugar, e incluso mostraba celos cuando era oportuno, pero él no era tonto, sabía que esos celos eran pura actuación.

Si le dijeran que las mujeres del pasado lo amaban, tal vez se lo creería, pero con Magdalena... sentía que era un misterio imposible de descifrar.

Camilo observó a Renato a través del espejo retrovisor. Al ver que seguía con el ceño fruncido y hundido en sus pensamientos, no se atrevió a arrancar el auto sin su orden.

El silencio reinaba en el auto. Camilo y Wendy esperaron con paciencia infinita. Ninguno tenía la menor idea de lo que pasaba por la cabeza de Renato.

Aunque por la pregunta que acababa de hacer, ya se imaginaban que todo tenía que ver con Magdalena.

Varios minutos después, Renato ordenó secamente.

—Arranca.

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