—Pero... —Magdalena rara vez tenía contacto con la Señora Salazar, así que eso no era lo que realmente le preocupaba—. ¿Y si ella habla mal de mí frente a tu mamá y termino desagradándole aún más a mi suegra? ¿Qué haremos entonces?
Al verla reflexionar tanto, Renato creyó que se trataba de un problema verdaderamente serio. Con una mirada muy suave, le dijo:
—Es cierto que a mi tía le gusta mucho el chisme y crear discordia.
Siempre que los ánimos decaían, ella solía morderse el labio inconscientemente:
—¿Entonces qué haremos?
El pulgar de Renato acarició sus labios rosados, liberando el labio inferior que ella estaba apretando hasta dejarlo blanco.
—Incluso si mi tía no dijera una sola palabra, mis padres de todas formas no te aceptarán de la noche a la mañana, así que da igual si habla o no.
Aunque esa era la realidad de las cosas, de por medio estaba la complicación de qué tan difícil sería la aceptación final.
Ya de por sí Don Ignacio y Susana consideraban que ella no estaba a su altura por sus antecedentes familiares. Si la Señora Salazar le echaba más leña al fuego pintándola como lo peor, ¿no harían que terminaran por odiarla?
Al ver que su ceño seguía fruncido, Renato suspiró levemente.
—Mis padres no son personas irracionales. Además, ellos saben perfectamente qué clase de persona es mi tía.
Dieron unas cuantas vueltas más y luego regresaron a la sala principal. Al escuchar las risas y la animada conversación que venía desde adentro, Renato se detuvo. Magdalena, que iba un paso detrás de él, por suerte logró frenar a tiempo para no chocar contra su espalda.
Renato se dirigió al mayordomo:
—Ve a buscar el bolso de la joven señora.
El mayordomo respondió con reverencia:
—Enseguida, joven señor.
Al haber estado afuera durante un buen rato, las manos se le habían entumecido un poco por el frío. Magdalena las metió en los bolsillos de su abrigo rojo. El color brillante del abrigo contrastaba hermosamente con el entorno, como una flor fresca en el otoño tardío. Sus mejillas estaban muy sonrosadas.
—¿Ya no vamos a entrar?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Casé con el que Pagó Mi Venganza