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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 402

En un bar.

La música retumbaba de manera ensordecedora, hombres y mujeres se abrían paso entre la multitud buscando a sus presas para desahogar su soledad y vacío interior. En la pista de baile, mujeres con ropa ajustada movían sus caderas, creando un ambiente excitante y descontrolado.

Renato estaba sentado frente a la barra. Ya había bebido bastante, sus ojos profundos y oscuros mostraban signos de embriaguez, y su rostro atractivo e imponente se veía aún más cautivador bajo las luces de colores.

Su atractivo rostro, su costoso traje y el reloj de alta gama en su muñeca dejaban claro que era alguien de gran estatus, por lo que ya había llamado la atención de las mujeres que buscaban aventuras.

Una mujer de ropa escotada se acercó. Colocó una mano de uñas pintadas de colores vivos sobre el hombro de él, deslizó su figura envidiable hasta sentarse en el taburete a su lado y dijo: —Señor, ¿tomamos una copa juntos?

Renato ignoró por completo sus palabras, apartó la mano de su hombro, se bebió de un solo trago el licor de su vaso, sacó su billetera, lanzó un fajo de billetes sobre la barra, tomó su abrigo y salió del bar tambaleándose.

La mujer, sin querer rendirse, intentó ir tras él, pero el barman le advirtió amablemente: —A ese hombre se le nota que es mejor no provocarlo. No te busques problemas.

La mujer se mordió el labio con frustración, resignada pero temiendo meterse en problemas. Tras pensarlo un par de veces, se dio la vuelta y se sumergió nuevamente en la multitud para buscar a su siguiente presa.

Al salir del bar, el ambiente era mucho más tranquilo. Renato esperó un poco antes de ir por su auto.

Las calles de madrugada estaban en silencio, casi no había transeúntes. Como no quería verla, tampoco quería ir a casa. Condujo su auto a toda velocidad por la avenida sin un destino claro.

Había bebido demasiado y sentía que la cabeza le iba a estallar. Con un fuerte chirrido, frenó el auto a un lado de la calle. Se reclinó en el asiento y se sostuvo la frente con una mano.

De no ser por las fotos que le envió Camilo, esa noche él habría tomado la iniciativa de disculparse, admitiendo que no debió hacer que la despidieran sin su consentimiento.

Si ella seguía enojada, habría tenido la paciencia de mimarla hasta contentarla, pero en el asunto de Liliana Zavala y Santiago, no había nada que discutir. Ellos casi hicieron que él la perdiera, así que no iba a ser compasivo.

Capítulo 402 1

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