Magdalena buscó a Mauricio por todas partes sin éxito; tampoco contestaba el celular. Además, no se había llevado su maleta cuando se fue.
Lo lógico habría sido que se quedara en el hospital cuidando a Lucía, intentando que despertara, pero había desaparecido por completo.
Unas horas más tarde, Mauricio reapareció en la habitación. Se veía en pésimas condiciones: su rostro estaba blanco como el papel y la sangre en el dorso de su mano derecha ya se había secado, creando una imagen escalofriante.
Magdalena se asustó.
—¿Fuiste a buscar a tu familia?
Mauricio caminó hacia la cama como si fuera un alma en pena. Se sentó, se agarró el cabello con desesperación y dijo con voz áspera:
—Ella lo admitió...
Magdalena guardó silencio. No hacía falta preguntar a quién se refería con "ella"; era obvio que hablaba de Margarita.
Por un lado estaba su propia madre, y por el otro, la mujer que había amado durante años. La verdad era un castigo demasiado cruel.
Al verlo ahogado en su dolor, Magdalena intentó consolarlo.
—Lo más importante ahora es lograr que Lucía despierte.
Con la voz rota, él preguntó:
—¿Qué probabilidades dijo el médico que tiene de despertar?
Renato le había dicho que eran muy escasas, pero con la cantidad de golpes que Mauricio acababa de recibir, Magdalena no tuvo corazón para decirle la verdad.
—Mientras haya un rayo de esperanza, no podemos rendirnos. Háblale mucho, tal vez al escuchar tu voz logre despertar.
Mauricio tomó la mano de Lucía con su mano sana. La apretó con tanta fuerza como si ella pudiera sentir su calor.
Magdalena salió de la habitación, le pidió a una enfermera desinfectante y vendas, y regresó para limpiar las heridas de la mano de Mauricio.
—¿Qué te pasó en la mano? —preguntó. Por mucho odio y furia que sintiera por lo que había hecho su madre, dudaba que hubiera sido capaz de golpearla.
Mauricio guardó silencio. Cuando Margarita confesó haber tendido la trampa a Lucía, él se llenó de tanta rabia que golpeó la pared con el puño. El estruendo fue tan fuerte que su madre no se atrevió a decir una palabra más.

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