Estos últimos días, cada vez que llamaba, le contestaba Camilo o Wendy, diciendo que Renato estaba ocupado y que la llamaría después.
Pero ella esperaba y esperaba, y no recibía ni una llamada, ni siquiera un mensaje.
Con su mentira descubierta, a Camilo le empezó a sudar la frente. Miró de reojo al hombre que tecleaba velozmente en su computadora: —Joven señora... el presidente Jiménez de verdad está muy ocupado.
Magdalena apenas iba saliendo de Bahía del Sur, rodeada por los frondosos árboles del camino: —Está bien. Dile que no se exceda en el trabajo y que cuide su salud.
Al terminar la llamada, Camilo miró a Renato. Al ver que el hombre no tenía intenciones de preguntar, decidió reportarle el contenido de la conversación por su cuenta.
Después del reporte, el hombre no hizo ningún gesto, así que se retiró de la oficina en silencio.
Magdalena condujo hasta el Hotel Oro Real. Si Renato se escondía de ella, lo esperaría en el hotel. Quería saber por qué no volvía a casa y por qué la estaba evadiendo; al menos quería escuchar la verdad de frente.
Fue a la recepción y preguntó por la habitación VIP que Renato solía reservar. La recepcionista le respondió con una amable sonrisa: —El presidente Jiménez canceló la reserva de la habitación hace una semana.
Ella se sorprendió: —¿Cuándo?
La recepcionista mantuvo su sonrisa profesional: —El veintidós de octubre.
¿Eso no fue al día siguiente de la primera noche que no regresó a casa?
Es decir, el primer día se quedó en el hotel, y al día siguiente canceló su reserva de larga estadía.
Alguien con el estatus de Renato seguramente tenía otras propiedades privadas en la ciudad, así que no había dudas sobre dónde había estado durmiendo estos días.

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