Aunque el viaje de negocios era a una ciudad cercana, el proyecto era bastante complejo. Su estadía original estaba planeada para una semana, pero con tantos imprevistos, terminaron quedándose cerca de diez días antes de regresar.
Wendy fue a recogerlos al aeropuerto. Al subir al auto, Renato cerró los ojos para descansar y comentó: —Tu teléfono ha estado muy tranquilo estos últimos días.
Camilo, en el asiento del copiloto, se quedó pensativo un momento hasta que entendió a qué se refería: —La joven señora debe estar asumiendo que usted está muy ocupado con el viaje de negocios.
Renato no respondió. Su rostro impecable y severo denotaba cierto agotamiento, y su elegante abrigo negro parecía impregnado del cansancio del viaje.
A medida que el auto dejaba el aeropuerto, Wendy preguntó: —Presidente Jiménez, ¿lo llevo a la empresa o a su casa?
El hombre en el asiento trasero guardó silencio un par de segundos antes de decir con su voz grave y calmada: —A la empresa.
……
Como la noche anterior había vuelto un poco tarde del orfanato con Virginia, Magdalena se levantó más tarde de lo habitual.
Bajó a desayunar después de arreglarse. Olga le sirvió y, al verla con ropa cómoda, le preguntó: —¿No va a salir hoy, joven señora?
—No —dijo mientras se sentaba a la mesa. Tomó el periódico de la cesta y lo hojeó mientras comía, pero no encontró más que noticias triviales.
Tras darle un vistazo superficial, lo devolvió a su sitio. De reojo, notó una revista en el fondo; era una edición de hace tiempo.
La portada mostraba el rostro de un hombre implacable, vistiendo un traje oscuro e impecable. Desprendía una presencia imponente, y su mirada revelaba la firmeza y dureza de un tiburón de los negocios.
Hizo cuentas mentalmente; ya habían pasado dos semanas desde que se fue de viaje, y todavía no sabía cuándo volvería.

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