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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 473

Los ojos oscuros de Renato parecían un pozo sin fondo, insondables e indescifrables. Tras un momento de silencio, bajó ligeramente la mirada, se alisó las arrugas del traje y caminó hacia los vehículos.

Camilo y los dos guardaespaldas lo siguieron.

Tras dar un par de pasos, Renato se detuvo y se volvió hacia Leonardo, que aún no lograba recuperar el aliento.

—Por cierto, olvidé decírtelo. Magdalena Sarmiento es mi esposa, así que te sugiero que mantengas tu estúpida guerra con Lázaro Guzmán muy lejos de ella. Si vuelve a pasarle algo, te aseguro que todo lo que no terminamos de hacer hoy, te lo haré vivir en carne propia y de la peor manera posible.

Leonardo quedó boquiabierto, sin poder dar crédito a lo que escuchaba. Había asumido que a Renato le gustaba Magdalena y por eso quería saber quién la había secuestrado, ¡pero jamás imaginó que ella fuera su esposa!

Saber que la mujer que Lázaro amaba ahora le pertenecía a otro hombre fue una noticia que le trajo un perverso consuelo.

Renato lo miró con cierta diversión oscura y le ofreció, con una sonrisa que no auguraba nada bueno:

—¿Necesitas que te llevemos de regreso?

Si hacía unos instantes casi se orina en los pantalones del miedo, mucho menos iba a atreverse a subir a su auto. Leonardo, con los ojos reflejando un pánico profundo, dio un paso atrás de forma instintiva.

—No hace falta.

Al notar su evidente terror, Renato pareció divertirse aún más.

—¿Seguro? No hay transporte en esta zona.

Leonardo asintió apresuradamente.

—Buscaré la forma yo mismo.

Renato apartó la vista y siguió caminando hacia su auto. Un guardaespaldas le abrió la puerta y él se acomodó en el asiento trasero.

Los escoltas se subieron a la parte delantera, mientras que Camilo conducía el otro vehículo.

Una vez que Renato se marchó, Leonardo soltó el aire retenido en sus pulmones y se desplomó en el suelo, completamente agotado. Su camisa estaba empapada en sudor frío, y la brisa de la montaña le provocó escalofríos en todo el cuerpo.

Durante el trayecto de regreso, Renato recibió una llamada de Magdalena. Su voz al responder fue cálida y suave, transformando por completo la imagen del hombre despiadado de hace un rato. Incluso su mirada se suavizó.

—¿Magda?

Magdalena estaba sentada en el sofá con las piernas cruzadas, sosteniendo el teléfono en su regazo. Llevaba su suave y oscuro cabello recogido en una cola de caballo y sostenía el auricular contra su oreja.

Después de descansar todo el día, su semblante había mejorado muchísimo. Su voz sonaba dulce y delicada.

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