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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 475

Magdalena probó un bocado. Aunque no tenía la misma sazón perfecta que los platos de Olga, sabía bastante bien. Sin embargo, no pudo evitar preguntarse si a él le gustaría.

Al verla pensativa y en silencio, Olga adivinó sus dudas y la tranquilizó.

—No se preocupe, al señor le encantará cualquier cosa que usted prepare.

De pronto, se escuchó el sonido de un auto entrando al patio. Magdalena se lavó rápidamente las manos para quitarse la grasa, se secó en el delantal y, sin tiempo de quitárselo, salió de prisa de la cocina.

El hombre acababa de cruzar la entrada principal cuando escuchó el rápido repiqueteo de las zapatillas y dirigió la mirada hacia el pasillo.

Ella apareció sonriente desde la cocina, vestida con ropa cómoda de casa y un delantal de flores atado a la cintura. Llevaba su largo y oscuro cabello en una coleta, con un par de mechones rebeldes cayendo con gracia sobre sus sienes.

Lo miró con una sonrisa dulce y cálida, con los ojos brillando como estrellas, y le dijo en tono suave:

—Ya estás aquí.

Renato la observó con una mirada llena de ternura y esbozó una leve sonrisa.

—Regresé apenas salí del trabajo, no me atreví a demorarme en el camino.

Magdalena captó de inmediato el tono de coquetería en sus palabras. Sus mejillas se sonrojaron un poco y le lanzó una mirada de reproche juguetón. Sus ojos irradiaban un encanto tan natural que parecían brillar más que un lago bajo la luz de las estrellas.

Él le entregó el abrigo que llevaba en el brazo a Joaquina. La empleada estaba a punto de recibirlo cuando Magdalena se adelantó rápidamente, lo tomó primero, lo sacudió un poco y lo colgó cuidadosamente en el perchero.

Renato la observó con suavidad mientras ella colgaba la prenda. Luego, pasó un brazo por su cintura para guiarla hacia el interior y le preguntó con voz profunda:

—¿Qué preparaste para cenar?

—Hice todo lo que te gusta, aunque es la primera vez que cocino algunos de estos platos. Olga me fue guiando, así que si el sabor no es el mejor, te prohíbo quejarte.

Su última frase pretendía ser una amenaza, pero su voz sonó tan delicada y serena que, más que una advertencia, parecía una manera adorable de buscar mimos.

Renato sonrió en silencio y respondió.

—Haré lo posible.

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