¿Cómo podía hablarle de amor mientras llevaba en su vientre el hijo de otro hombre?
Con frialdad, le dijo a Mauricio que jamás había estado enamorada de él, que siempre lo había visto únicamente como a un hermano y que no sentía más que cariño fraternal.
El día de su boda con Javier, temiendo que Mauricio hiciera un escándalo, Margarita le dio pastillas para dormir en el agua. Cuando Mauricio por fin despertó, ya no había vuelta atrás: el matrimonio era un hecho.
Después de aquello, Mauricio cortó todos los lazos con la familia Luján y se marchó.
Ella deseaba contactarlo, saber si estaba bien, pero no se atrevía.
La expresión de absoluto dolor y desesperación de Mauricio el día que le dijo que solo lo veía como un hermano, la atormentaba constantemente.
Pensó que, si de todos modos no podían estar juntos, lo mejor era ser cruel hasta el final. No volver a contactarlo sería la única forma de ayudarlo a olvidarla más rápido.
Desde ese día, aquel amor indecible quedó sepultado en lo más profundo de su corazón.
Al escuchar la historia, Magdalena sintió un escalofrío. Mauricio siempre había creído que Lucía no lo amaba; nunca se imaginó que la verdad fuera tan sombría.
Recordó los primeros días en que se conocieron. Mauricio siempre era silencioso y reservado. Una vez le preguntó por qué, y él respondió: —Me enamoré de una mujer que no me ama.
Resultaba que nunca había sido un amor no correspondido.
Magdalena pensó que, de haber estado en el lugar de Lucía, habría dicho exactamente lo mismo.
Porque no tenía otra opción.
Sin mencionar el hecho de que ya estaba embarazada, ¿qué le iba a decir a Mauricio? ¿Que había sido su propia madre, Margarita, quien la había drogado y dejado en la cama de Javier?
Margarita era la madre biológica de Mauricio; ponerlo en medio de ambas solo le causaría más dolor.
Le sirvió un poco de agua a Lucía.
—¿Y el bebé?
Lucía tomó el vaso entre sus manos.
—Lo perdí.
El corazón de Magdalena dio un brinco.
—¿Javier te golpeó?
Lucía negó con la cabeza.
—Al principio de nuestro matrimonio, él era muy bueno conmigo. Cumplía todos mis caprichos y me consentía en todo.

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