Magdalena estaba convencida de que no se había equivocado de persona. Por muy buen disfraz que llevara, su perfume no podía engañarla.
—¿Acaso esto es justo para Damián? Él fue a la cárcel solo por ti.
Tan pronto como terminó la frase, Paula caminó furiosa hacia ella:
—¡No digas estupideces! ¡Que Damián esté en la cárcel no tiene nada que ver conmigo!
Magdalena miró a las personas que pasaban por el pasillo y luego a la enfermera que esperaba un poco más adelante, bajando el tono de su voz.
—¿Segura que quieres hablar de esto aquí?
Ambas caminaron hacia una zona menos concurrida, mientras a sus espaldas resonaba la voz de la enfermera:
—¿Entonces te vas a hacer el procedimiento o no?
Como la mayoría de las personas tomaban el elevador, la zona de las escaleras estaba desierta. Paula se quitó las gafas, revelando un rostro demacrado; debido a su inestabilidad emocional en los últimos días, había perdido mucho peso.
Paula odiaba tanto a Damián que jamás le habría prestado su auto, así que Magdalena decidió lanzar un farol.
—Aquella noche, alrededor de las doce y cuarenta, yo también estaba en la Avenida del Lucero y presencié todo lo que pasó.
Había dado la hora y el lugar exactos, así que Paula no tuvo más remedio que creerle. La miró con ojos cargados de odio:
—Deja de meterte en lo que no te importa; él decidió ir a la cárcel en mi lugar por voluntad propia.
—No intento meterme en tu vida, solo quiero que lo pienses bien. Ya escuchaste al médico. Si abortas ahora, será muy difícil que logres tener un hijo en el futuro. No hay mujer que no quiera ser madre algún día; ¿estás segura de que no te arrepentirás?
A Magdalena le costaba creer que Paula fuera tan desalmada, dispuesta a renunciar a tener hijos de por vida con tal de no dar a luz al bebé de Damián, un hombre que se había sacrificado yendo a la cárcel por ella.
La sonrisa fría de Paula parecía una rosa marchita y venenosa en la oscuridad:
—Claro que no quiero tener al hijo de Damián. ¿O de verdad crees que quiero correr un riesgo así?
Magdalena no entendía a qué se refería:
—¿Qué quieres decir?
—Hay un ochenta por ciento de probabilidades de que este bebé nazca siendo un monstruo. Solo serviría para que se burlen de mí.

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