Magdalena se frotó las sienes y llamó a Camilo para pedirle que investigara el número de Javier.
Camilo le respondió casi al instante. No solo le pasó el número de Javier, sino que también le dio el del asistente de este.
Lucía marcó el número de Javier. Sonó durante mucho tiempo sin que nadie contestara, hasta que finalmente la llamada se cortó de forma automática.
Lucía apartó el celular de su oído.
—No responde.
Magdalena pensó que Javier no solo era una pésima persona, sino que no tenía agallas; su actitud para manejar los asuntos era demasiado inmadura.
—Llama al número de su asistente.
Hace un momento, Magdalena había guardado ambos números en el celular. Lucía buscó por toda la agenda, pero no encontró el del asistente.
—¿Bajo qué nombre lo guardaste?
Como no había calefacción en el amplio vestíbulo y llevaban mucho rato sentadas, Magdalena tenía frío y se frotaba las manos para entrar en calor.
—El asistente del tipo despreciable.
Lucía se quedó sin palabras.
Con razón no lo encontraba.
La llamada anterior la había marcado Magdalena, así que Lucía solo había tomado el aparato y se lo había puesto en la oreja sin fijarse en el nombre del contacto.
Buscó bajo la letra 'A' creyendo que lo habría guardado con su nombre real, y le pareció lógico que Javier tampoco estuviera registrado con su propio nombre.
Efectivamente, al revisar el historial de llamadas recientes, el último número marcado mostraba un par de palabras: "tipo despreciable".
Dejó escapar una pequeña carcajada; Magdalena era alguien que dejaba muy claro a quién quería y a quién detestaba.
Marcó el número del asistente, y este contestó casi al momento.
—¿Hola?
—Ariel, soy yo. —Lucía respiró hondo y preguntó con calma—: ¿Dónde está Javier?
—El gerente Huerta no vino a la empresa hoy.
Lucía mantuvo un tono suave.

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