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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 668

A las afueras de la habitación del hospital.

Magdalena estaba sentada en uno de los bancos del pasillo, con un desayuno ya frío a un lado. Había llegado al hospital muy temprano, pero aún no reunía el valor para abrir esa puerta.

Ese era el tercer día. Si Lucía no despertaba, quedaría en estado vegetativo.

¿Cómo iba a soportar Mauricio Luján un golpe tan devastador?

Apenas acababa de enterarse de que los sentimientos de Lucía eran correspondidos, y ahora estaba a punto de perderla de nuevo.

Magdalena se sentía culpable. Creía que nunca debió haberle revelado la verdad a Mauricio. Si hubiera dejado que él siguiera creyendo que ella no lo amaba, al menos le habría ahorrado esta montaña rusa de emociones que terminaba en la más absoluta desesperanza.

Mauricio salió de la habitación y se sorprendió al ver a Magdalena sentada allí. Ella mantenía la mirada baja, fija en sus zapatos, absorta en sus propios pensamientos, como si llevara mucho tiempo en esa posición.

Él se acercó a ella.

—¿Por qué no entras?

Magdalena se levantó lentamente. Al ver el evidente cansancio en los ojos de él, quiso preguntarle por el estado de Lucía, pero supo de inmediato que si hubiera habido el más mínimo signo de mejoría, él no tendría ese rostro tan afligido.

—¿A dónde vas? —preguntó ella.

Mauricio también había pasado la noche en la habitación. Aunque logró dormitar un poco durante la madrugada, aún se veía exhausto.

—A fumar un cigarrillo.

Magdalena sabía que fumar le ayudaba a lidiar con el estrés, así que le esbozó una sonrisa reconfortante.

—Tu desayuno ya está frío. Iré a comprarte algo más.

Mauricio miró su reloj de pulsera.

—Dicen que las embarazadas se vuelven despistadas, y veo que es cierto. Ya casi es la hora del almuerzo, no tiene sentido comprar un desayuno.

Ella se quedó perpleja. ¿Tanto tiempo había estado sentada allí?

Mauricio tiró el desayuno frío a la basura y se dirigió a la zona de fumadores.

Ambos almorzaron en un restaurante frente al hospital y regresaron a la habitación poco después.

Mauricio Luján permaneció sentado junto a la cama, sosteniendo la mano de Lucía Leyva mientras le hablaba sin cesar. Sin embargo, no hubo ni el más mínimo indicio de que fuera a despertar.

Al llegar la noche, y viendo que la situación no cambiaba, Magdalena le preguntó:

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