Frunció el ceño ligeramente, y una sombra de impaciencia cruzó por su mirada. Sacó el celular del bolsillo con la intención de bloquear al remitente.
En la pantalla iluminada se leía el último mensaje: "Si no vienes, te arrepentirás."
La mirada de Renato se oscureció. Desbloqueó el teléfono y entró al chat. Bianca Silva le había enviado tres mensajes en total.
[Contesta, tengo que decirte algo importante sobre Fabiola.]
[Desde que se fue, hemos estado en contacto. Tengo un diario suyo; seguro quieres saber qué fue lo que escribió. Te espero a las ocho en la habitación 6066 del Hotel Oro Real.]
[Si no vienes, te arrepentirás.]
Un destello extraño cruzó por sus ojos profundos. Con un toque en la pantalla, llamó a Bianca.
Al parecer, la dueña del teléfono estaba esperando su llamada, o sabía con certeza que la contactaría. Al segundo tono, contestó.
La voz de Bianca sonaba tranquila, pero si uno prestaba atención, podía notar la alegría que intentaba reprimir:
—Presidente Jiménez.
Con un tono helado, Renato preguntó:
—¿Por qué tienes su diario?
Fabiola tenía la costumbre de escribir diarios; eso él lo sabía muy bien.
Era un hábito que tenía desde que se conocieron.
Una vez, incluso se burló de ella:
—¿En qué siglo vives que sigues escribiendo en un diario?
En aquella ocasión, ella le respondió con una sonrisa encantadora:
—Mientras más mayor me hago, peor memoria tengo. Cada vez que termino uno, lo guardo. Cuando sea viejita, podré sacarlos y recordar todo con detalle.
Bianca respondió:
—Antes de irse me pidió que lo quemara, pero se me olvidó. Ayer lo encontré de casualidad.


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