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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 689

Magdalena deslizó sus dedos fríos sobre su cuello, se acercó a su oído y, con los labios entreabiertos, susurró con una voz tan suave que solo él podía escuchar.

—¿Te he dicho que hace mucho tiempo que me enamoré de ti?

Renato se quedó paralizado por un instante. Luego, la acorraló nuevamente contra la puerta y la besó con una intensidad que la dejó sin aliento, con el cuerpo ardiendo y las piernas débiles.

Cuando el beso terminó, acunó el rostro de su esposa, esbozó una sonrisa de medio lado y habló con esa voz profunda y seductora que le erizaba la piel.

—Entonces sigue amándome así. Quédate siempre a mi lado y sé buena, para que apenas cruce la puerta, seas lo primero que vea.

Magdalena acarició la mandíbula de su marido y recordó la llamada que habían recibido ese día.

—Susana llamó. Nos pidió que fuéramos a la mansión y mencionó lo de anoche. Seguro ya saben todo.

Renato asintió.

—Ve a cambiarte. Saldremos ahora mismo.

Ella asintió y fue a ponerse algo de salir. Se envolvió en una bufanda crema adornada con pompones y dejó su cabello negro y liso suelto, resaltando sus finas facciones.

En el auto, Magdalena iba muy tensa. Si Ignacio y Susana le hacían preguntas, de ninguna manera podía decirles la verdad. Renato confiaba en ella, pero sus suegros probablemente no.

Al notar que ella había estado frunciendo el ceño todo el camino, él le tomó la mano que descansaba en su regazo y habló con tranquilidad.

—No te preocupes. Yo estoy contigo.

Al llegar a la Mansión Jiménez, Ignacio y Susana los esperaban en la sala. Ninguno de los dos tenía buena cara.

Magdalena siguió el ejemplo de Renato y los saludó con respeto. Susana apenas asintió de forma fría, mientras Ignacio permaneció en silencio, con el rostro serio y severo.

Renato la abrazó protectoramente por la cintura mientras se sentaban en el sofá. De inmediato, Ignacio arrojó el periódico frente a ellos.

—¿Qué significa esto?

Magdalena echó un vistazo a los titulares. Las fotos de Renato con Bianca, y las de ella con Lázaro... Explicar ese enredo iba a ser muy complicado.

Renato mantuvo su expresión serena e indiferente. En lugar de responder a la pregunta de su padre, miró al mayordomo que estaba de pie a un lado.

—¿A qué hora se sirve la cena?

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