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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 693

La mirada de Renato se ensombreció ligeramente y, un momento después, incluso su tono de voz se volvió más profundo.

—Después de eso, mi tía se marchó de la casa y nunca más volvió. Traté de convencerla en muchas ocasiones, pero siempre se ha negado a regresar.

Aquel año, Virginia e Ignacio habían tenido una fuerte discusión. Fue una pelea a gritos, y él lo escuchó todo desde el pasillo del segundo piso.

Virginia, llena de rencor, gritó que estaba harta de esa familia insensible e implacable, y les dijo que actuaran como si ella hubiera dejado de existir. Luego, tomó su maleta y se marchó sin mirar atrás.

Al escuchar esto, el corazón de Magdalena se conmovió. Virginia no había regresado a la Mansión Jiménez en diez años, pero estuvo dispuesta a hacerlo por ella.

Renato se quitó el saco y lo colgó en el armario.

—A raíz de ese incidente, también surgió una profunda enemistad entre la familia Huerta y nuestra familia.

Magdalena, sentada al borde de la cama, suspiró ligeramente.

—Pobre tía Virginia, cuánto debe haber sufrido.

Renato sonrió levemente y dijo con calma:

—A ella le agradas bastante. Si tienes la oportunidad, podrías intentar convencerla.

Magdalena se sentó con las piernas cruzadas en la cama, apoyando la barbilla en una mano. Un destello de perspicacia asomó en sus ojos.

—¿Y tú por qué no seguiste las reglas familiares con un matrimonio de negocios?

Renato se acercó y le dio un suave golpecito en la frente.

—Si no te hubiera conocido, tal vez habría terminado en ese camino, casándome con cualquier mujer al azar. Pero todo eso son suposiciones. Ya que te lanzaste directamente a mis brazos, no me quedó de otra que aceptarte, para evitar que fueras por ahí arruinándole la vida a otro.

Magdalena levantó los brazos y él se inclinó para abrazarla. Ella rodeó su cuello y le dio un pequeño mordisco en el costado del cuello.

—A partir de ahora tendrás que dejarme un poco de dignidad. Si alguien pregunta, dirás que fuiste tú quien me conquistó.

Renato soltó una risa profunda y grave. En el fondo de sus ojos se reflejaba la calidez de un atardecer que aún no terminaba de desvanecerse. Sus facciones irradiaban ternura.

—De acuerdo.

Al escuchar su risa, ella fingió estar molesta.

—¿Te estás burlando de mí?

Él mantuvo su postura inclinada, apoyando las manos a los lados de ella y permitiendo que siguiera colgando de su cuello.

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