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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 112

A Claudia se le movió la mirada. ¿Entonces la invitada era Melisa?

Jimena le contestó de inmediato:

—Ya, señorita Núñez. En la subasta pasada armaste un show y, bueno, se nota que tienes tantita vista… pero los invitados del señor Núñez son músicos de talla mundial. ¿Tú lo eres?

Melisa sonrió.

—Puede ser.

Jimena puso los ojos en blanco, muy segura de sí misma:

—Yo estudié música formalmente. Puedo decirlo con toda seguridad: fuera de ese pianista misterioso, el tal “señor X”, yo conozco a todos los grandes. Y, con todo respeto, señorita Núñez… jamás he escuchado tu nombre.

Claudia también lo creyó. Ese “señor X” vivía en el extranjero, componía y nadie lo veía en persona. Además, le decían “señor”: debía ser un hombre. No tenía nada que ver con Melisa.

Claudia podía aceptar que Melisa tuviera algo de talento, pero que la invitaran como figura especial… eso no.

Bajó la mirada y, en un tono casi suplicante, dijo:

—Prima… hoy es el recital de mi segundo hermano. Quiero que salga perfecto. Te lo pido.

Alrededor, las miradas hacia Melisa se volvieron cada vez más incómodas. La hija de los Montes frunció el ceño:

—Señorita Núñez, que Claudia sea tu prima no te da derecho de andarla humillando. Hoy no es el momento para hacer quedar mal a los Núñez.

Melisa asintió.

—Está bien.

Para sorpresa de todos, se levantó con calma y luego dijo, como si de verdad estuviera en un aprieto:

—Pero si no me siento aquí, ya no tengo lugar.

Claudia sonrió, suave:

—Entonces siéntate en el mío. Yo me quedo de pie a un lado.

Jimena murmuró con desprecio:

—Ah, con razón… o sea que el señor Núñez ni asiento le dio a Melisa. Ella trae entrada de pie, hasta atrás.

La hija de los Montes se sumó:

—Ni los tres Núñez tienen por qué encariñarse con la que apareció de la nada diciendo que “es su hermana”. La neta, qué mal… Claudia sí le da mil vueltas.

Otra chica también defendió a Claudia y se fue contra Melisa:

—Claudia también es invitada y la tienen parada atrás, ¿cómo crees? Si tú entraste con boleto de pie, pues te vas hasta atrás. Eres la heredera de los Núñez, ¿y vas a andar quitándole el lugar a la gente?

—Ah, entonces sí tenías asiento —dijo, recuperando su sonrisa—. Si lo hubieras dicho desde el principio, no habría malentendidos. Ya siéntense, el recital de mi segundo hermano ya va a empezar.

Las demás ya no insistieron, pero todas se quedaban mirando a Dani de reojo.

El sillón individual VIP no era amplio; sus cuerpos inevitablemente quedaban pegados. Dani olía a cedro, con un dejo apenas perceptible de antiséptico. El calor de su cuerpo se sentía a través de la ropa, y a Melisa se le tensó la espalda sin querer.

—¿A poco la Doctora Milagro también se pone nerviosa? —dijo Dani, ladeando el rostro hacia ella, con burla en la voz—. Yo pensé que mi cuerpo te daba igual… pero ya vi que te gusta más cuando ando vestido.

Cuando habló, Melisa sintió su voz vibrarle cerca, demasiado cerca.

Melisa intentó acomodarse, tranquila, pero sin querer rozó su muslo.

Dani soltó una risa baja y le sostuvo la cintura de golpe.

—Ya no te muevas. Me vas a terminar empujando fuera del asiento.

La mano estaba caliente, demasiado, y la sujetó firme, sin darle opción de escaparse.

Las chicas de alrededor se quedaron viendo con los ojos abiertos. Claudia, más que ninguna: traía una cara como de haberse tragado algo asqueroso. ¿Dani, el que no se le acercaba a nadie, así de íntimo con Melisa?

Melisa no se apartó, pero cuando por fin se acomodó, le soltó con calma:

—Con razón mi tercer hermano dice que el señor Soto es buenísimo para ligar. Ya vi.

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