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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 244

Yori se lo acercó al cuello y le preguntó a Sofía:

—¿Mamá, se me ve bonito?

Sofía la siguió en el juego.

—Precioso. Como si lo hubieran hecho para ti.

Luego Yori volteó hacia Melisa.

—¡Melisa! Mira el collar que me regaló el señor Soto. ¿Se me ve bien?

Melisa sonrió.

—Sí, se te ve bien.

Yori quería usar el collar para marcar territorio, pero observó a Melisa un buen rato y no vio ni un cambio en su expresión.

¿Qué pasaba?

Yori pensó rápido y fingió sorpresa.

—Melisa… ¿no crees que esto es como… una prueba de amor? Se ve carísimo.

Melisa alzó apenas la ceja, miró el collar que se suponía que era para ella pero que había rechazado, y sonrió.

—Sí, la verdad sí está caro. Y es hecho a mano.

Yori se emocionó.

—Yo sí confío en tu ojo. No pensé que al señor Soto le importara tanto.

Le pasó el collar a Sofía.

—Mamá, póngamelo.

Viendo a madre e hija actuando en equipo, y cómo Yori volteaba a verla con ganas de que preguntara algo, Melisa, con humor de quien ve un show, siguió la corriente:

—¿Prueba de amor? Pero tú y Dani se llevan muchos años, ¿no?

Yori se emocionó al pensar que por fin Melisa se había alterado. Se puso toda “apenada” y explicó:

—En realidad, el señor Soto y yo estamos comprometidos desde que era niña. Nos vamos a casar sí o sí. Voy a ser su esposa.

La sonrisa de Melisa se amplió.

Sofía quiso decir algo más, pero Yori la interrumpió. Su tono era firme y su mirada, helada.

—¡Mamá! Tengo que ser la esposa del señor Soto. Tengo que volverme señora de dinero… para que mi papá ya no se atreva a golpearnos.

Desde que llegaron a Santa María, el carácter de Yori había cambiado. Estaba tan dominante que Sofía, acostumbrada a ceder siempre, ya ni se atrevía a discutir.

Con un raro día libre, Melisa por fin se puso a resolver las entrevistas de trabajo que llevaba días posponiendo.

Llegó al lobby del antiguo Hospital San Rafael. Unos trabajadores subían un nuevo letrero.

La antigua Botica de los Santos, que antes era una farmacia chiquita en un callejón, ahora se había convertido en un hospital grande. Por eso le quitaron lo de “Botica” y el lugar pasó a llamarse Hospital de Santa María.

Antes de que terminaran las entrevistas esa tarde, ya habrían reemplazado todos los letreros del Hospital San Rafael.

Melisa subió a la oficina de dirección, que ahora era suya.

En esta ronda, había tres entrevistadores; con ella, eran cuatro en total.

Y entre los candidatos… había alguien “especial”.

***

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