Yori se mordió el labio y respondió:
—Nadie me obligó, de verdad, fue una disculpa sincera.
—Todos sabemos que ese collar es súper importante para ti, jamás lo usarías para incriminar a nadie. Seguro fue Teresa. ¡¿Por qué le tienes miedo?! ¡Tu familia tiene el respaldo de los Soto!
Yori negó con la cabeza:
—No puedo usar las influencias de mi familia para intimidar a mis compañeros. Además, Dani es militar, ¿cómo voy a molestarlo por un problema tan pequeño? Como tampoco hubo pruebas concretas de que Teresa lo hiciera, lo correcto era disculparme y ya.
—Ay, es que tú eres demasiado buena onda y amable —suspiró una compañera—. Obvio no hay pruebas de que Teresa robó porque no hay cámaras en el salón. A menos que alguien la hubiera visto, pero estábamos en clase de educación física cambiándonos. Ella era la única en el salón.
—Bueno, bueno, ya hay que dejarlo por la paz. —Yori mostró una sonrisa que parecía amable pero decidida—. Ya casi son los exámenes parciales, mejor hay que enfocarnos en estudiar.
—¡Exacto! Ahora que el doctor Villanueva te da clases particulares, todos los maestros dicen que has mejorado muchísimo. Si sacas el primer lugar, seguro entras al grupo de honor este año.
Yori sonrió con modestia:
—Haré mi mejor esfuerzo.
Bajo la tutela del doctor Villanueva, ella realmente había mejorado bastante. Siempre participaba en clase, a diferencia de Teresa, que nunca levantaba la mano, dejaba tareas incompletas y seguía con calificaciones mediocres.
Teresa recibió miradas de desprecio por parte de los compañeros que rodeaban a Yori, escuchándolos murmurar:
—Teresa se juntó con la persona equivocada, seguro va a reprobar esta vez.
Teresa ignoró los chismes por completo.
Simplemente sacó unos apuntes de segundo semestre de preparatoria que Melisa le había preparado. Eran las notas que Melisa había resaltado cuando estudiaba. Verónica las había robado en su momento para pasar sus propios exámenes y quedar en los primeros lugares de la escuela.
Solo con ver esos apuntes, Teresa estaba maravillada. La calidad de los temas y las explicaciones de Melisa era altísima y, al mismo tiempo, súper fácil de entender. Era imposible que alguien con malas calificaciones escribiera algo así.
Al pensar en todos los rumores absurdos que habían dicho sobre Melisa, a Teresa le dolió en serio. ¡¿Cómo era posible que trataran tan mal a alguien tan increíble?!
Por suerte, Melisa ya tenía a alguien que la protegiera.
Melisa tomó la tarjeta de memoria que Dani le había dado en su coche. Camino al aeropuerto, la insertó en su laptop y abrió los archivos de video.
De inmediato, apareció un video de Verónica hecha un mar de lágrimas, suplicando perdón entre sollozos y en un estado lamentable.
Observó la grabación con calma hasta el final, consciente de que el destino de Verónica ya estaba sellado: pasaría el resto de su vida en la cárcel.
De repente, su celular empezó a vibrar sin parar.



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