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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 279

Melisa sacó una hielera especial de la que extrajo un corazón fresco y palpitante.

Era el corazón que Aureliano se había preparado hace mucho tiempo. Pertenecía a alguien con su mismo tipo de sangre que había sufrido muerte cerebral en un accidente automovilístico. Conseguir un órgano tan sano ya era casi un milagro, pero como Aureliano no había podido operarse antes, el corazón tuvo que mantenerse criopreservado. Eso comprometía su viabilidad y aumentaba el riesgo de que el trasplante fracasara.

—Este corazón ya perdió mucha viabilidad... —la voz del cirujano en jefe temblaba—. Las probabilidades son nulas, ¿seguro que funcionará...?

—Con los efectos de la Menta Glaciar en su cuerpo, el corazón sobrevivirá en cuanto lo conectemos —lo interrumpió Melisa, comenzando a operar sin dudarlo.

El proceso de trasplante fue increíblemente rápido. Cuando Melisa suturó el último vaso sanguíneo, todos en la sala contenían la respiración. De pronto, el monitor soltó un pitido continuo, el sonido de la muerte.

Melisa echó un vistazo al reloj y luego al corazón.

Poco a poco, el órgano empezó a recuperar su color. El monitor registró un latido irregular. Todos contuvieron el aliento hasta que el corazón dio un golpe firme y el trazo en la pantalla se estabilizó con un ritmo constante.

—¡Dios mío! —Una enfermera se tapó la boca—. ¡Lo logramos! ¡Los signos vitales del señor Aureliano están estables, podemos seguir!

Superada la fase más crítica del trasplante, el resto de la cirugía resultó mucho más manejable para ella. Pero lo que Melisa consideraba fácil dejó al equipo médico con la boca abierta una y otra vez. Los comentarios de asombro no dejaban de sonar en la sala.

—No sabía que eso se podía hacer.

—¡Con razón! ¡No manches, cómo no se me ocurrió antes!

La cirugía, aunque sin complicaciones, duró diez largas horas, desde las siete de la mañana hasta las cinco de la tarde. Los asistentes estaban que se caían de cansancio. Cuando cerraron la última incisión del abdomen, todos soltaron un suspiro enorme.

—Terminamos —dijeron aliviados.

El anestesiólogo revisó los datos.

—El señor Aureliano despertará en media hora.

Melisa asintió. Se aseguró de que el suministro de oxígeno estuviera funcionando bien y le dio otra pastilla.

Luego, lo cubrió con una sábana blanca y desajustó un par de monitores, haciendo que las máquinas empezaran a chillar como locas.

Con total calma, derramó unas bolsas de sangre sobre la sábana y le mandó una grabación de voz al celular del asesor médico.

—Abran lo que les mandé en cuanto llegue el líder interino. Ahora, empiecen a actuar. Si lo hacen bien, les regalo mis notas de cirugía y un manual técnico de mis procedimientos.

Los doctores se miraron entre sí y, motivados, sacaron a relucir sus mejores dotes actorales.

Las alarmas del quirófano sonaban a todo volumen y las luces rojas de emergencia teñían la sala de un tono alarmante, alertando tanto a los hombres de Nicanor que esperaban afuera como a la gente de Óscar.

Desde el pasillo se escuchaban los gritos desesperados.

—¡Paro cardíaco! ¡La presión cayó a cero!

Capítulo 279 1

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