El niño era muy abusado.
Tras dudarlo un segundo, quitó la rejilla de ventilación y se deslizó por el tubo con agilidad.
En cuanto los niños la vieron aparecer de la nada, estuvieron a punto de gritar, pero el muchacho se les adelantó:
—¡Cállense!
Su advertencia funcionó. Los niños se taparon la boca de inmediato y se le quedaron viendo a Melisa con los ojos bien abiertos, entre asustados y confundidos.
—No soy mala —dijo Melisa, sentándose entre ellos. Al ver que el muchacho era el líder, se dirigió solo a él—. Soy policía, estoy infiltrada en el barco investigando una red de tráfico de órganos.
Un ligero brillo cruzó la mirada vacía del niño.
—Me llamo Bruno. ¿Cuándo va a llegar la policía?
—En tres días, como mínimo.
La poca esperanza que había asomado en la mirada de Bruno desapareció al instante.
—Ellos no van a aguantar tres días. Aparte, hay bombas escondidas en el barco.
Melisa entrecerró los ojos.
—¿Bombas?
—Lo escuché de pura casualidad. Al parecer, el jefe mandó poner explosivos por si los descubrían. Si se entera de que viene la policía, vuela el barco antes de que lleguen.
—Así que de nada sirve que vengan —añadió el niño, echándose para atrás—. Si la riegan y los cachan, nos morimos todos.
—El dueño del barco viene a bordo escoltando la mercancía importante —explicó Melisa.
—Porque tienen lanchas salvavidas. Van a huir ellos primero y luego nos van a mandar al carajo.
El niño hizo una pausa.
—La anestesia no me hace mucho efecto, así que estaba medio despierto cuando me sacaron las cosas y lo escuché todo. No gano nada con echarte mentiras.
Melisa y Dani habían planeado todo al milímetro, pero nunca se imaginaron que el tipo fuera tan desgraciado.
Si en tres días los militares y los piratas llegaban y armaban un tiroteo, aunque ganaran, Hugo los iba a arrastrar a todos con él.
—Entonces no hay de otra, tenemos que desarmar la bomba. ¿Sabes en dónde la pusieron?
Bruno se acomodó y dio unas palmaditas en el suelo.
—Solo escuché que estaba acá abajo, pero yo sé que en estos barcos viejos abajo no hay más que la sala de máquinas y las bodegas. Si quiere que nos lleve la chingada a todos de un jalón, seguro la puso cerca de los motores.


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