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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 310

El miedo hizo que la voz le saliera casi en un chillido agudo, el cual sonó espantoso en el silencio sepulcral de la sala.

Melisa se detuvo a escasos tres pasos de él. El destello pálido de un faro cruzó la ventana en ese preciso instante, iluminándole la mitad de la cara. Las salpicaduras de sangre sobre su piel clara resaltaron, pero su mirada no flaqueó ante el reclamo de Hugo; era como mirar hacia el fondo de un pozo helado y sin fin.

—Ja —soltó una carcajada seca y tan fría que congelaba la sangre.

—¿Hipocresía? —Detuvo el As de Picas que jugaba entre sus dedos y se limitó a sostenerlo—. No le respondió directamente. En lugar de eso, dio otro paso al frente. El ruido del zapato resonó de nuevo; para Hugo, era como oír la campana de la muerte.

—El barco de Peter ondea mi bandera —dijo con un tono monótono, pero cargado de un peso amenazante—. Y los que navegan bajo mi bandera, tienen que seguir mis reglas. Les vendo mi armamento, pero también les pongo las reglas para seguir respirando.

Hugo no tenía ni idea del código que se manejaba en altamar. Ahora los papeles se habían invertido por completo: era él quien intentaba ganar tiempo para encontrar una salida.

—¿Q... qué reglas? —tartamudeó.

Melisa ladeó la cabeza y lo miró con un desprecio casi condescendiente. En sus ojos había burla y... ¿lástima?

Ya que no le molestaba jugar un rato con su presa antes de liquidarla, empezó a enumerar:

—Mi primera regla: no se toca ningún barco que lleve la bandera de la ONU, ni la de la Cruz Roja, ni a ciertas organizaciones médicas internacionales.

Sus dedos tamborilearon sobre el borde de madera de la mesa de billar de forma rítmica.

—Segunda regla: no se meten con barcos de mujeres y niños, ni con misiones de ayuda humanitaria. Tercera regla: se limitan a robar. A menos de que haya resistencia, está prohibido asesinar a la tripulación. Y por supuesto... la definición de «resistencia» la decido yo.

Con cada regla que soltaba, la cara de Hugo perdía más color. ¡Él no sabía nada de esto! En la red oculta solo se rumoreaba que las armas de X eran de primera calidad, los precios justos y sus antecedentes todo un misterio, pero nunca nadie había mencionado que impusiera tanta «ley y orden».

—Y a los que se atreven a romper mis reglas... —El tono de Melisa bajó de golpe, congelando todo el cuarto—. ¿Por qué crees que Peter El Tuerto sigue vivo hasta el día de hoy y se ha vuelto uno de los «limpiadores» más grandes de estas aguas?

Capítulo 310 1

Capítulo 310 2

Capítulo 310 3

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