Hombres como Dani, que no solo provenían de familias adineradas, sino que también ostentaban poder militar y una posición absoluta, se podían contar con los dedos de una mano en todo el país.
Pero él entendía la intención de Melisa.
—Entonces, esperemos en silencio a que los que se esconden en las sombras den la cara —dijo.
Faltaban un par de días para que el buque militar regresara a Santa María. Al recuperarse la señal satelital, Dani recibió una llamada privada y se enteró de una noticia inesperada.
Todos los bienes a nombre de Hugo y de su familia habían sido vaciados por completo. Según la respuesta del banco, la transferencia se había realizado mediante su propia autenticación biométrica.
A la familia de Hugo Hernández solo le quedaba una pequeña parte en fondos de fideicomiso, lo cual ni de broma alcanzaba para mantenerlos a todos.
En otras palabras, la fortuna entera de la familia había estado en manos de Hugo; él era indiscutiblemente la cabeza, el que mantenía a todos. Ahora que estaba muerto y sus cuentas habían sido saqueadas mediante métodos especiales, la familia Hernández estaba prácticamente en la quiebra.
Dani colgó el teléfono y miró a Melisa, que estaba a un lado platicando con los técnicos sobre artillería y armamento. En sus ojos había un brillo indescifrable.
No era nada difícil adivinar en los bolsillos de quién había terminado todo ese dinero.
Melisa sintió su mirada, así que se dio la vuelta.
—¿Qué pasa?
Dani lo pensó un momento. Sacó de su bolsillo un dulce de naranja que le había dado un cabo, se lo entregó y solo le dijo una cosa:
—Saliste carísima.
Melisa levantó una ceja.
—Tus muchachos acaban de preguntarme si quería ir al campo de entrenamiento a probar sus armas. Quieren competir contra mí.
—¿Y por qué quieren competir contigo? —Dani echó un vistazo a los soldados que la rodeaban, todos hombres enormes y fornidos.
Uno de ellos dio un paso al frente para reportarse:
—¡Porque la señorita Serrano dijo que ella sola vale por diez de nosotros!
—¡Creemos que eso es imposible! —agregó otro.
Y un tercero opinó:
—Me parece que sabe mucho de armas, pero la teoría y la práctica en combate real son dos cosas muy distintas.
Melisa asintió.
—Pero lo que dije es la verdad.
Dani vio que el entusiasmo de sus hombres estaba a tope. Él mismo tenía curiosidad por ver la puntería de Melisa; después de todo, le parecía que nunca la había visto usar una pistola.
Claro que en aquel intento de asesinato en la playa, ya había intuido que sabía disparar, por no mencionar los cadáveres que encontraron en el carguero de Hugo.
El médico forense del barco, tras realizar las autopsias, concluyó que muchos de los cuerpos presentaban heridas de bala y armas blancas letales al primer golpe. El método era tan similar y preciso que resultaba evidente que había sido obra de una misma persona, alguien con muchísima experiencia matando.
Según el análisis forense, las heridas indicaban emboscadas y asesinatos silenciosos, lo cual no cuadraba con la naturaleza impulsiva de los piratas somalíes de soltar plomo a lo loco. Además, las horas de muerte entre los cadáveres no coincidían, algo atípico en su modus operandi.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA