—La segunda candidata es Iara. Ella no es la típica famosa de moda, sino que tiene muchísimo prestigio profesional y una sólida trayectoria cultural. Sus personajes siempre son mujeres fuertes, inteligentes y con mucha profundidad. Tiene una imagen muy seria y madura, y su público es de gente más grande y fiel.
—La tercera no es talento de nuestra agencia, es del Grupo Werner. Es una actriz juvenil que está rompiéndola ahora mismo, se llama Alba. Se hizo súper famosa por una serie de época que fue todo un fenómeno y la gente la adora, especialmente los chavos. Sus números en redes sociales son una locura, y muchos dicen que es la nueva Paula Esquivel.
Tras presentar a las candidatas, el gerente Silva miró con nerviosismo al hombre en la pantalla. —¿Qué opina, señor Soto? ¿Quién le parece mejor para ser la imagen de la plaza?
Dani dio unos golpecitos en su escritorio. —Yo no sé de estas cosas. Desde tu experiencia, ¿quién crees que es la indicada? Quiero escuchar tu opinión.
El gerente Silva sintió un nudo en el estómago y apretó el control de las diapositivas sin darse cuenta, dejando ver de inmediato cuál era su verdadera preferencia. —Si me permite atreverme a dar mi opinión, creo que esta plaza tiene un enfoque mucho más juvenil. Revisé los planos y la mayor parte es zona de entretenimiento para jóvenes y áreas de oficinas; las marcas de lujo solo son el treinta por ciento. Viéndolo así, Iara no encaja mucho con el concepto masivo, y su fama es de otro estilo. Así que, entre Paula y Alba...
El gerente Silva hizo una pausa. Paula ya estaba grande, y si de algo sobraba en el mundo del espectáculo era de caras nuevas. Sabiendo que Alba quería firmar con Luz Dorada Films en un futuro para reemplazar a Paula y quedarse con los patrocinios de lujo...
Tomó una decisión rápida. —Esta industria siempre necesita sangre nueva. Siento que una chica con una imagen más fresca y positiva representaría mucho mejor la vibra de la plaza.
Al decir esto, al gerente Silva le temblaban un poco las manos por los nervios, y sin querer apretó un botón del presentador inalámbrico. De repente, la pantalla gigante conectada a su laptop cambió a una red social personal.
La pantalla saltó directo a su Instagram. Como él se dedicaba a las relaciones públicas, tenía agregados a muchísimos contactos. Para su mala suerte, justo en su inicio apareció una foto de un concierto subida por un contacto apodado «Zorro», con el texto: «¡Miren a quién me topé! Parece que es el nuevo juguetito de aquel pez gordo».
Al aparecer esa imagen, la temperatura en la sala pareció caer por debajo de cero. El gerente Silva notó de inmediato cómo la postura relajada de Dani cambiaba a una de pura furia al ver la pantalla.
Dani se inclinó hacia adelante en su silla ejecutiva, entrecerrando los ojos con una mirada que cortaba como navaja.
El gerente Silva volteó a ver la pantalla y sintió que el mundo se le venía abajo. Haber cometido una estupidez así en una junta tan importante significaba el fin de su carrera.
Trató de cerrar la página de inmediato, temblando, mientras se disculpaba: —¡Le ruego me perdone, señor Soto! ¡Fueron los nervios, se me resbaló el dedo! Es mi cuenta personal, la cierro enseguida.
Luego, cortó la llamada de tajo y le mandó un mensaje a su asistente para que se encargara del resto.
Dani se levantó de golpe, agarró su saco del respaldo de la silla y salió de su oficina con cara de pocos amigos.
Aunque un par de veces le había sacado el tema a Melisa para ver si le molestaba que él fuera mayor, ella nunca le había dado una respuesta clara. ¡Y ahora resultaba que se iba con Nicanor a ver a unos escuincles!
No sabía qué pasaba por la cabeza de Melisa, pero ¡claro que sabía cuáles eran las intenciones de Nicanor!
¡Ese cabrón lo único que quería era meterle a cualquier pelagatos en la cama para que se olvidara de él para siempre!
Había intentado resignarse a dejarla ir, pero ver la foto de ella con la cara alzada, absorta mirando a esos niñatos, lo llenó de una furia difícil de contener.

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