—¡Protejan a la señorita!
Los guardaespaldas de la familia Núñez, bien entrenados y con reflejos ultrarrápidos, cerraron la formación en un instante. Rodearon a Melisa y formaron un muro humano con sus cuerpos y brazos, logrando bloquear por la fuerza la mayor parte de los objetos que les lanzaban.
Sin embargo, la multitud se aglomeró demasiado rápido. A pesar de que los guardias hacían todo lo posible por contenerlos, la corriente de gente irracional los empujaba hacia atrás paso a paso. ¡El espacio para que Melisa pudiera moverse se redujo drásticamente, hasta el punto de que casi no podía dar ni un paso!
Fue inevitable que le cayeran salpicaduras de refrescos, dejándola con un aspecto desaliñado.
Gilberto y los demás médicos de la sucursal salieron corriendo al escuchar el alboroto. Al ver la escena, sintieron que se les helaba la sangre.
—¡Llamen a los militares! ¡Rápido, llamen al personal de seguridad del hospital militar para que protejan a Melisa!
Gilberto se dio la vuelta enseguida, clavando una mirada furiosa en un Tobías que no sabía ni qué hacer.
—¿Estos son tus fans? —le reclamó—. ¡¿Por qué diablos piensan que Melisa fue quien te lastimó?! ¡No me digas que tú fuiste quien incitó este linchamiento mediático contra ella!
Tobías negó frenéticamente con la cabeza, y con su voz ronca se defendió a toda prisa.
—No, yo no fui. Te lo juro.
Aunque sabía que el asunto había explotado en internet y que muchos fans estaban preocupados por él, él no había iniciado el acoso. Jamás se le ocurriría hacerle daño, y mucho menos sabiendo que ella tenía fuertes conexiones con Nicanor. ¡Ni loco se atrevería!
¡Los flashes de las cámaras destellaban como locos! Algunos transeúntes, a los que solo les importaba el morbo, grababan emocionados la caótica y escandalosa escena.
Al ver cómo se ponían las cosas, un doctor veterano sugirió de inmediato:
—¡Rápido, quítate el cubrebocas y la gorra, sal a aclarar que esto no tiene nada que ver con Melisa! Si algo le pasa, ¡será una pérdida irreparable para la comunidad médica! ¡Ni con toda tu vida podrías pagarlo!
Tobías se sintió acorralado. Con su rostro demacrado y sin una gota de maquillaje, ¿cómo iba a presentarse así ante el público?
Afortunadamente, Gilberto, que todavía conservaba algo de calma, intervino:
—Estos fans perdieron la cabeza. Si Tobías sale ahora, las cosas solo se van a descontrolar más.
—¡Híjole! ¿Y ahora qué hacemos? ¡Esos guardias del hospital son lentísimos!
Afuera, Melisa seguía atrapada en el centro del caos. Su rostro sereno lucía un poco pálido bajo los flashes, pero su mirada seguía tranquila. No había pánico en ella; solo observaba fríamente la situación, buscando alguna brecha entre la multitud para escapar.
Por desgracia, conforme se sumaban más curiosos, hasta el aire comenzó a sentirse escaso.
La mirada de Melisa se fue endureciendo poco a poco.

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