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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 397

Tobías asintió.

—Sí, creo que pertenecen a una rama secundaria de la familia Núñez. Manejan algunos negocios de bienes raíces y ropa, y suelen participar en obras de caridad. Cuando desmantelaron aquella fábrica clandestina y rescataron a mucha gente, salieron en los titulares. Sus buenas obras fueron reconocidas en todo el país y hasta el alcalde los premió.

Melisa tiró la botella de ácido.

En su interior, estaba segura de que su desaparición hace años no había sido un simple accidente, y que la muerte de sus padres biológicos, a quienes nunca conoció, tampoco lo era.

Su intuición nunca fallaba.

Ya había averiguado casi todo lo que necesitaba saber.

En ese momento, el sonido de los motores se escuchó en la entrada.

Melisa se acercó a la puerta de la fábrica y vio un montón de patrullas afuera.

Los vecinos de los alrededores también se habían acercado a ver el chisme al escuchar el alboroto.

Tobías estaba hecho un desastre.

Al ver a tanta gente, su primer instinto fue buscar algo para taparse la cara.

Melisa sabía que, siendo una figura pública y un ídolo, lo que más le importaba era su imagen.

Lo agarró de la muñeca y lo arrastró hasta su motocicleta.

Cuando Dani abrió las puertas de la fábrica con sus hombres, vio justo el momento en que Melisa le ponía su casco a Tobías.

Sus dedos rozaron sin querer el cabello alborotado del chico, ocultando por completo ese rostro que no debía ser visto y protegiéndolo de las miradas curiosas y las luces de las patrullas.

La luz del sol delineaba el perfil concentrado de Melisa.

El ligero movimiento de ponerse de puntitas para ajustarle la correa del casco hizo que Dani sintiera una punzada en el pecho.

Renato sintió de inmediato cómo el ambiente se ponía tenso.

Una atmósfera helada emanó de Dani, haciendo que se encogiera de hombros por instinto.

El rostro del coronel, que rara vez mostraba emociones, estaba tenso.

Tenía la mandíbula apretada y una mirada cargada de celos como Renato nunca le había visto.

No le quitaba la vista de encima a las manos de Melisa tocando a ese hombre.

¡Dani jamás había recibido ese tipo de trato!

Dani se acercó a paso firme.

Sus zapatos resonaban sobre el concreto roto, imponiendo una presencia intimidante.

Quiso preguntarle a Melisa cómo estaba, pero las palabras se le atoraron antes de salir.

Escuchó a Melisa hablarle a Tobías con un tono frío y profesional, casi como una orden:

—Súbete a mi moto. El quirófano ya se está preparando.

La voz de Tobías sonó ahogada a través del casco, débil y dudosa:

—¿No puede ser mañana?

Melisa ni se inmutó.

—¿Quieres que esos médicos echen su viaje a la basura por tu culpa? ¿O crees que me sobra el tiempo?

En ese momento, Melisa volteó a ver a Dani, que ya estaba a su lado, y lo miró con extrañeza.

Tobías, intimidado por su actitud, se apresuró a explicar:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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