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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 445

La directora administrativa, Morán, se acercó de inmediato:

—Los de "Elegancia", que nos iban a ayudar con la promoción, retiraron ayer mismo todos los productos de nuestra colaboración. Los patrocinadores también se echaron para atrás. La verdad, ya no sé qué hacer. Casi no hay fondos en la cuenta principal de la empresa, y ahora que usted despidió a tantos, no tenemos ni idea de cómo vamos a pagar la nómina del próximo mes.

Melisa no se inmutó en lo absoluto y simplemente le tendió una tarjeta bancaria.

—Precisamente hoy vengo a inyectar capital. Estos son mis fondos de inversión, deposítelos todos en la cuenta de la empresa.

Morán tomó la tarjeta con dudas y preguntó:

—¿Cuánto es? Me preocupa que no alcance para los sueldos y los demás gastos.

—Quinientos millones de pesos —dijo Melisa con total tranquilidad.

Morán se quedó congelada:

—¿Cu... cuánto dijo?

—Quinientos millones —repitió Melisa.

A un empleado que estaba tomando agua cerca de ahí se le resbaló el vaso de las manos por la impresión.

Todos los que escucharon la cifra pensaron exactamente lo mismo:

Esa niña rica está a punto de tirar su dinero por la borda.

Melisa los miró:

—¿Hay algún problema?

Morán reaccionó y aferró la tarjeta:

—No, no, para nada. Ahorita mismo voy con los de finanzas para que lo ingresen.

En cuanto Morán salió, un empleado de bajo rango del área de diseño se acercó a Melisa y le advirtió en voz baja:

—Señorita, ese dinero se va a ir a la basura. Comercial Novierra siempre ha sido el cajero automático de los Blanca, el negocio en sí no deja ganancias. Muchas veces, hasta nuestros sueldos salían de la cuenta de "Elegancia". Tenga cuidado, no vayan a vaciarle la cuenta.

Melisa sonrió levemente:

—Nadie puede sacar un solo peso sin mi autorización.

Camila le había entregado todos los documentos de Comercial Novierra, incluyendo el control total de las cuentas bancarias.

Ya había sellado todos los huecos financieros; el dinero podía entrar, pero para salir, ella tenía la última palabra.

Se acercó al escritorio de Teresa y vio que la chica tenía un bote de basura a reventar de hojas arrugadas.

Lo único rescatable sobre la mesa eran cuatro bocetos a lápiz, todavía sin color.

Melisa les echó un ojo.

Aunque solo eran líneas, el estilo único atrapó su atención al instante.

—Están preciosos. ¿Qué colores tienes pensados?

Teresa negó con la cabeza, luciendo unas ojeras de mapache.

—Saqué estas cuatro colecciones en una sola noche. Mi idea era usar las cuatro estaciones como tema central, pero no tengo idea de cómo conectarlas para que impacten en la pasarela.

Melisa se quedó pensativa.

—En realidad, es muy sencillo.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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