La voz de Dani sonaba firme y serena:
—Aunque pertenezco a la Marina, también recibí un entrenamiento riguroso del Ejército. Le aseguro que no soy inferior a los expertos que usted contrató, señor.
Orfeo se dirigió a Dani con evidente gravedad:
—Esto es muy peligroso. Si logras traer de vuelta a mi hermano mayor, toda la familia Núñez te deberá un favor enorme.
—No necesito favores. —La mirada de Dani pasó de Orfeo hasta detenerse en el tenso perfil de Melisa—. Solo quiero que tu hermana se quede en casa y no vaya a meterse a un lugar peligroso. Yo me encargaré de traer a Mateo sano y salvo.
Al principio, él había estado bastante ocupado en la base militar lidiando con el conflicto reciente en el estrecho de Pérez, el cual había provocado tensiones en la frontera. Cuando recibió la llamada de auxilio de Orfeo, pidiendo un equipo experto en rescate en minas, y se enteró de que Mateo era quien estaba en problemas, pensó de inmediato en Melisa. Sabía que, conociéndola, haría hasta lo imposible por ir a rescatarlo. Temiendo que actuara por impulso, salió de su junta y, aún con el uniforme militar puesto, reunió a sus hombres y se apresuró a llegar.
—No tienen por qué discutir más. Tengo que ir en este viaje, mi hermano me va a necesitar —dijo Melisa en un tono tranquilo, pero con la mirada brillante y decidida—. De todos los presentes, nadie comprende mejor que yo las toxinas que se esconden en esas vetas minerales desconocidas. Reacciones complejas por exposición a toxinas radiactivas, cómo frenar la propagación del veneno en poco tiempo, cómo ganar tiempo crítico sin tener un antídoto específico a la mano... ¿Quién de ustedes tiene experiencia en todo eso?
Hizo una pausa y paseó la mirada por los experimentados militares, quienes no pudieron ocultar su incomodidad. Aunque eran hombres valientes, enfrentarse a una amenaza bioquímica tan específica, que además involucraba conocimientos médicos avanzados, definitivamente no era su especialidad.
—Yo lo he visto, lo he tratado y sobreviví a ello —continuó Melisa con un tono casual, pero sus palabras dejaron a todos helados—. Dudo que alguien aquí sepa más de medicina que yo. Soy la mayor garantía de supervivencia para mi hermano. Solo si voy, podré salvarlo en el instante en que su cuerpo empiece a ceder. Si esperan a sacarlo de ahí para luego intentar reanimarlo, será demasiado tarde.
Las palabras de Melisa los dejaron sin argumentos.
Para la familia Núñez y para Dani, ya no era ningún secreto que Melisa era la renombrada «Doctora Milagro». Nadie podía igualar sus habilidades médicas, por lo que llevarla con ellos era, de hecho, la decisión más lógica.
Ella miró a Dani con una expresión que mezclaba la más pura frialdad con una súplica:
—Dani, tengo que ir.


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