Últimamente los dos estaban en recuperación en la mansión, así que Melisa iba seguido a checar cómo seguía Mateo para asegurarse de que las toxinas no le dejaran secuelas.
Melisa empujó la puerta y entró.
—¿Tienes problemas con los chips?
Mateo ya sabía todo lo que su hermana había arriesgado por salvarle la vida y no quería causarle más preocupaciones.
—No es nada grave. Solo un trato que se cayó. ¿Y tú qué tal? ¿Cómo va la pierna?
—Ya casi al cien. Las medicinas y la comida que me mandaron hicieron maravillas. En una semana ya ando caminando como si nada —dijo ella sonriendo y sentándose a un lado de la cama—. Platícame. Quiero saber qué bronca traes.
Mateo seguía sin querer contarle la verdad, pero acababa de terminar una junta y estaba a punto de empezar otra con la mesa directiva.
—¿Puedo quedarme a escuchar? —preguntó ella.
Mateo no pudo decirle que no.
Pensó que, como solo iba a escuchar, no habría manera de que hiciera otra locura, así que aceptó y se conectó a la siguiente reunión.
La pantalla se dividió en más de diez cuadritos.
Todos los que aparecían eran directivos de alto nivel de Grupo Núñez.
Tenían caras de angustia y el ambiente se sentía súper pesado.
Apenas empezó, el vicepresidente encargado del área de tecnología habló con un tono sombrío:
—Jefe, la cosa está peor de lo que pensábamos. Por lo del estrecho de Pérez, usando la excusa de un riesgo de uso militar, no solo nos bloquearon los chips de alta tecnología, ¡sino que metieron en la lista negra los chips comerciales que siempre usamos! Según ellos, para evitar que los desarmemos y los modifiquemos.
Otro de los directores dio un manotazo en el escritorio y gritó indignado:
—¡Son puras excusas! ¡Se están aprovechando de la situación! Saben que nos urgen las piezas y quieren obligarnos a comprar de contrabando al triple de precio.
—Acaban de avisarme —agregó otro ejecutivo con cara de tragedia— que las tres líneas de producción principales del nuevo parque tecnológico, en el que metimos miles de millones, están medio paradas por falta de piezas. Si no conseguimos otro proveedor o arreglamos esto en quince días, toda esa inversión se va a ir a la basura... Las acciones ya empezaron a desplomarse.

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