Dani, impecable en un traje negro a la medida y con su porte alto y varonil, caminó directo hacia ellos. Atravesó a la gente, subió al balcón y se paró junto a Melisa.
Llegó justo a tiempo.
No necesitó micrófono; su voz potente llenó el lugar:
—Soy el coronel Dani, del mando naval. Esta fue una operación secreta en conjunto con la señorita Melisa. Además, no fue ella quien se llevó a los sospechosos en La Esperanza, fueron mis hombres. Es una operación militar. Me parece que ustedes están sacando conclusiones demasiado ridículas.
Los invitados se quedaron con la boca abierta.
El oficial de Santa María palideció de golpe y empezó a sudar a mares. Sus compañeros también entraron en pánico. Ellos solo habían recibido una solicitud de apoyo de la policía local y fueron a hacer el trámite de rigor.
¡Nadie les avisó que se estaban metiendo con el ejército!
Nicanor soltó una risa burlona, fulminando a los policías con la mirada.
—O sea que vinieron a hacer un arresto sin siquiera investigar los hechos. ¿Y justo escogen este preciso momento? ¿No será que alguien les dio la orden a propósito?
La pregunta de Nicanor fue como una puñalada que dejó al descubierto la peor de las verdades: los habían usado como peones.
—¡N-no, para nada! ¡Coronel, le juro que es un malentendido! —tartamudeó el oficial al mando, cuadrándose en un saludo militar perfecto—. N-nosotros solo recibimos la denuncia formal y la petición de ayuda desde La Esperanza. ¡Actuamos por protocolo, nadie nos mandó! ¡Ahorita mismo nos comunicamos con nuestros superiores para aclarar esto!
Mientras hablaba, fulminó con la mirada a Yago, quien ya no podía ocultar su pánico. Maldijo internamente a ese idiota por haberlos metido en un problema con el ejército y con gente tan poderosa.
¡Estaban cavando su propia tumba!
Dani los barrió con una mirada fría. No les dio más importancia, pero su sola presencia ya los tenía temblando.
—Aclarar las cosas es su trabajo. Pero ahora, por motivos de confidencialidad y por la seguridad de los testigos, el alcalde Yago es considerado un sospechoso clave en este caso y quedará bajo nuestra custodia. Ustedes pueden ayudar a mantener el orden, pero se retiran de la investigación principal.
Yago se había atrevido a hacer este alboroto porque Camila se lo ordenó, ¡pero jamás imaginó que el ejército estuviera involucrado! Pensó que solo era un pleito de niñas ricas.
¡¿Cómo diablos terminó siendo él el acusado?!
—¡¿Cómo voy a ser un sospechoso clave?! —gritó desesperado—. ¡Yo no sé nada de lo que están hablando!
—¿Ah, no? —Dani esbozó una sonrisa cínica—. Alguien me denunció que estabas protegiendo a la gente de tu pueblo involucrada en el tráfico de personas.

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