Sintió que la cara le ardía de la vergüenza, y más que eso, la invadió el terror de que su plan hubiera fracasado y la arrastrara al fondo.
Se obligó a enderezar la espalda y fingió una expresión de desconcierto, como si también estuviera en shock por la noticia.
¡No podía dejar que la descubrieran!
Tomó aire y dijo con voz temblorosa:
—No lo puedo creer... Durante años pensé que La Esperanza era un lugar tranquilo. ¿Siguen haciendo esas atrocidades? Yo misma invertí muchos recursos para rescatar a mujeres en el pasado, y Yago siempre me ayudó. ¡¿Y ahora resulta que es un sospechoso?! Me cuesta mucho asimilarlo... es imposible.
Se hizo la víctima perfecta, pálida y consternada, aunque le lanzó una mirada fulminante a Yago.
De inmediato, alguien le dio por su lado:
—Parece que Camila también fue engañada.
—Caras vemos, corazones no sabemos.
Yago entendió el mensaje a la perfección. Estaban en el mismo barco; si no se mantenía firme, su hijo pagaría las consecuencias.
Contuvo el aliento, sacó el pecho y exclamó:
—¡Es muy pronto para culparme! No tienen pruebas, y mi esposa sufre de una enfermedad mental severa. ¿Sus delirios van a ser pruebas admisibles en un tribunal? Querer arrestarme por eso es una arbitrariedad.
—Por eso te estoy citando a interrogatorio conforme a la ley, ¿hay algún problema? —le contestó Dani con cara de pocos amigos.
Yago se quedó mudo.
Todo el teatro que le había armado a Melisa se le regresó como un búmeran. Él fue quien terminó esposado y escoltado por la policía.
Lo que debía ser la ruina de Melisa la convirtió en la ciudadana modelo que ayudó al ejército.
La trampa de Camila no solo fracasó, sino que además hizo que Melisa se ganara el respeto de todos.
Los hermanos Núñez respiraron aliviados e invitaron a todos a seguir disfrutando del banquete.
Cuando los policías por fin se largaron, Dani se giró hacia Melisa. Le dio una mirada rápida a su atuendo y sonrió de medio lado.
—Es el vestido que te regalé.
Melisa se acomodó la falda.
—Está muy bonito.
Dani soltó una carcajada suave y sacó una cajita de regalo de la nada.
—Siento haber interrumpido tu fiesta. Esto es para compensarte.

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