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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 528

Esa misma noche, Claudia se arregló un poco y se dirigió a la mansión de la familia Mena.

Como joyeros de renombre, la residencia de los Mena era espectacular. Aunque estaba ubicada en los suburbios de Santa María, la propiedad abarcaba casi la mitad de un cerro.

Claudia solía salir de vez en cuando con Isabel, pero desde que salió a la luz su escándalo, la heredera se había distanciado de ella. No fue hasta que el diseño de ropa les dio un respiro que volvieron a contactarse.

No solo Elegancia buscaba la internacionalización; la joyería de los Mena también quería expandirse al mercado extranjero.

Pero como El Torneo Central era principalmente una competencia de diseño de modas, a los Mena no les quedó de otra más que buscar una colaboración con una marca de ropa.

Claudia se levantó la falda para bajar de su coche. Apenas había dado dos pasos cuando otro vehículo se estacionó justo detrás de ella.

Al voltear, vio a Julio bajando del auto con una sonrisa de oreja a oreja. —¡Claudia!

Claudia lo miró con sorpresa. —¿Qué haces aquí?

—Benedicto Mena me invitó a cenar —respondió Julio—. ¿A ti también?

Ella asintió y respondió con tono suave: —Qué coincidencia.

Cuando Julio se acercó, ella apenas se dio cuenta de lo mucho que había crecido. —Qué alto estás.

—Supongo que el aire del extranjero me sentó bien. —Julio caminó junto a ella hacia la entrada, platicándole anécdotas de su viaje.

—¿Todavía no tienes novia? —preguntó Claudia.

—Claro que no, ya tengo a alguien en mi corazón. —Julio la miró muy en serio—. Me gusta desde que éramos niños, la he querido por años. Ninguna otra mujer le llega a los talones.

La mirada de Claudia vaciló. Sabía perfectamente que Julio hablaba de ella, pero, siendo honestos, la familia de Julio no era más que un grupo de cocineros. No había punto de comparación con la élite joyera.

Evadió darle una respuesta directa y solo le dedicó una sonrisa dulce. —La chica que esté contigo será muy afortunada. Ojalá se te cumpla pronto el milagrito.

Julio tomó a Claudia por los hombros y la empujó suavemente para que avanzara. —Ya, vámonos adentro.

Al ver la actitud torpe del muchacho, a Claudia se le quitaron las dudas. Alguien tan ordinario no podía ser el joven de la familia Mena; seguro solo eran imaginaciones suyas.

Isabel recibió a Claudia y a Julio con los brazos abiertos. Se dirigió en especial a Julio: —Benedicto me dijo que venías a cenar y le pidió a la cocina que te prepararan tu sopa de costilla favorita. Pásenle.

Todos en la familia Mena trataban muy bien a Julio. Al platicar, Claudia notó la confianza que le tenían, tal vez por el negocio de sus padres. No le dio muchas vueltas al asunto y se concentró en la emoción de conocer al misterioso Benedicto, quien nunca se dejaba ver en los eventos sociales de Santa María.

En pocas palabras, el heredero de los Mena había permanecido fuera del ojo público toda su vida; hasta la fecha, nadie sabía cómo era.

Sin embargo, cuando todos tomaron asiento en el comedor, el lugar principal de la mesa se quedó vacío.

Claudia, cansada de esperar a Benedicto, no aguantó las ganas de preguntar: —¿El joven Mena no bajará a cenar?

—Cambió de opinión a la mera hora, siempre hace lo mismo. —Isabel soltó una sonrisa de disculpa mientras miraba de reojo a Julio. En el fondo, ya sabía por qué Benedicto no había querido bajar.

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