Morán se despidió con excesiva zalamería. Teresa Manrique jaló de inmediato a Melisa Serrano hacia una cortina. Rocío la abrió de un tirón; la verdadera colección de las cuatro estaciones estaba ahí detrás.
Los diseños únicos junto con las telas exclusivas hacían que el resultado final de las prendas fuera simplemente espectacular.
Melisa estaba muy satisfecha.
—La tela que elegiste es excelente, queda perfecta para este tema.
Rocío Santamaría sonrió con timidez.
—Más que nada es porque esta tela es una joya. Con algo tan fino, aunque diseñáramos un montón de trapos, la gente diría que es una obra de arte.
Luego, recordando la cara de hipócrita y calculadora de Morán, preguntó confundida:
—Jefa, le atinó a todo. Morán trajo gente al taller varias veces y hasta tomó fotos a escondidas para mandárselas a Elegancia. ¿Por qué no la desenmascaró enfrente de todos?
Melisa sabía desde el principio que Comercial Novierra había sido el territorio de Camila Blanca. Aunque ya había hecho una limpieza de personal, algunos de los que se quedaron seguían teniendo otras intenciones.
Por ejemplo, Morán. Por encimita parecía acatar todas sus órdenes, pero a escondidas seguía pasándole información a Camila.
Melisa sonrió y respondió con calma.
—Aproveché la oportunidad para atrapar a la última traidora. Además, si la echaba de cabeza, ¿cómo íbamos a seguir con el teatro para El Torneo Central? El prestigio de Comercial Novierra va a subir aplastando a Elegancia.
En el pasado, los infiltrados de la familia Blanca habían exprimido esta marca hasta dejarla al borde del colapso; ahora le tocaba a ella devolverles el golpe. Era lo justo, ¿no?
Rocío levantó el pulgar.
—¡Qué bárbara, jefa! Es usted increíble.
—¿Y dónde están las demás prendas de la nueva colección para la venta? —preguntó Melisa.
Rocío la llevó a otro taller.
—Los modelos básicos ya están en producción masiva.
Melisa asintió.

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