Catalina corría entre unos matorrales, con el rostro lleno de pánico, hasta llegar a una casa en ruinas. —Buscando a mi niña... buscando a mi niña.
Su niña no estaba en la casa, así que volvió a salir a buscarla. De repente, Melisa se dio cuenta de que no podía acceder a esos recuerdos del pasado; No lograba acceder a los recuerdos de Catalina.
Se convirtió en una simple espectadora dentro de la memoria que Catalina estaba reviviendo.
Icaro notó algo raro. Revisó los expedientes que tenía en la mano y frunció el ceño. —¿Ves a tu hija? ¿Dónde está?
—Mi niña... mi niña...
Catalina se quedó paralizada bajo la lluvia por un momento. De pronto, su mirada se desvió hacia Melisa y se llenó de terror absoluto. —¡No!
Melisa se dio cuenta de que no la estaba viendo a ella.
Así que Melisa volteó. Vio cómo Yago aventaba el cadáver de una joven al suelo frente a un hombre y una mujer. Llovía tan fuerte que no se escuchaba lo que decían, pero esa escena era el recuerdo más doloroso de Catalina.
Catalina no les quitaba los ojos de encima a esa pareja. Despertó del trance pegando un grito. Melisa reaccionó al instante y corrió a abrazarla para calmarla.
En ese momento, Icaro le mostró una fotografía a Catalina. —¿Los reconoces?
Los ojos de Catalina se llenaron de odio y locura. Se le fue encima a la foto y la hizo pedazos.
Icaro entendió la situación. No permitió que Melisa volviera a involucrarse y, en cambio, hipnotizó otra vez a Catalina para modificar la forma en que revivía ese recuerdo. Quería hacerle creer que lograba salvar a su hija para aliviar un poco su crisis mental.
Dani notó que Melisa estaba pálida. Le acarició el cabello suavemente y preguntó: —¿Pudiste ver todo?
Melisa observó los pedazos de la foto en el suelo. Recordando la imagen del cadáver arrojado por Yago frente a esa pareja bien vestida, por fin comprendió el origen del sufrimiento de Catalina.
Bajó la mirada y habló en voz baja: —Hace años, los esposos Gaspar Núñez le pagaron a Yago para matarme. Pero la que murió no fui yo, fue la hija de la señora Amaya. Me salvó sacrificando a su propia hija. Y, para no quedar mal con sus jefes, Gaspar y su esposa ocultaron la verdad e hicieron pasar el cuerpo por el mío.
Melisa estaba destrozada. Dani pasó un brazo por sus hombros y la abrazó en silencio.
Icaro tardó bastante en estabilizar a Catalina. En el mundo imaginario que le construyó, ella lograba llegar a tiempo para salvar a su hija. Sin embargo, no dejaba de balbucear una serie de números: —Nueve, dos, nueve... nueve, dos, nueve...
Icaro la sacó del trance y le pidió a su asistente que le diera su medicamento. Se quitó los lentes y se frotó la frente. —Es evidente que perdió la cordura al ver cómo su propio esposo mataba a su hija. Ese nivel de trauma es devastador. Además de mis terapias, va a necesitar un tratamiento con medicamentos especializados.
—Me la llevaré a mi casa, yo me haré cargo de su salud —dijo Melisa.

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