Lo llamó de inmediato y le habló con voz dulce: —Perdón, andaba ocupada y no vi tu mensaje. Sí me gustaría ir a las carreras, pero ¿crees que podrías invitar a Melisa? Siento que la otra vez nos portamos mal con ella y deberíamos pedirle disculpas.
Julio seguía pensando que Claudia solo le había dado un pequeño susto a Melisa. Además, tenía miedo de que los hermanos de Melisa se enteraran de lo que había hecho, así que accedió: —Voy a ver si acepta.
Cuando Melisa recibió la invitación de Julio, ya se estaba arreglando para ir al evento. El organizador de la carrera era socio de Mateo Núñez, y varios jinetes del club eran figuras reconocidas a nivel internacional.
Quería platicar con el socio de su hermano para convencer a los jinetes de usar los uniformes patrocinados por Comercial Novierra y grabar así el primer anuncio de su empresa.
Centro Ecuestre Santa María.
El hipódromo también tenía una zona de apuestas. Empresarios y mujeres de la alta sociedad ya estaban en sus lugares, con boletos de sus caballos favoritos en la mano. Cuando vieron a Melisa acercarse a las gradas, varios se pusieron de pie para saludarla.
—Buenas tardes, señorita Núñez.
Claudia, que estaba colgada del brazo de Julio, la miró con cara de arrepentimiento. —Prima, te guardé un lugar VIP. Siéntate con nosotros. Julio dice que estos asientos vuelan, y como te invitamos a la mera hora, seguro ya no encontrabas lugar.
Melisa echó un vistazo a los palcos exclusivos de arriba, pero decidió sentarse al lado de Claudia.
—Siento mucho lo que pasó en el bar, se me cruzaron los cables. Te pido una disculpa —dijo Claudia bajando la cabeza, fingiendo humildad—. Por favor, perdóname, no arruines mi reputación.

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