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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 560

Claudia pensó con malicia que, en en las familias ricas, lo peor que podía pasar era que estallara un escándalo que afectara el nombre de una de las mujeres de la familia, arruinando las alianzas matrimoniales. Los Núñez no serían la excepción. Por mucho que esos hermanos quisieran a Melisa, si llegaban a creer que había sido envuelta en un escándalo sexual, terminarían dándole la espalda o, mínimo, la mandarían al extranjero para esconder la vergüenza.

—Julio es joven, todavía habla sin pensar las cosas —dijo Claudia con una sonrisa inocente—. Discúlpelo, Mateo.

No tenía sentido armar un pleito ahí mismo. Al fin y al cabo, ya había enviado la tarjeta de memoria con el video de Melisa al dueño del club, envuelta como un regalo elegante.

La hizo pasar por un video sorpresa de felicitación para que se proyectara en todas las pantallas del evento.

—Señorita Blanca —la cortó Mateo—. Yo no soy su hermano, no ande de igualada.

A Claudia se le hizo un nudo en la garganta y puso cara de llanto. Julio no soportó ver a su novia humillada, se levantó de golpe y la defendió. —¡Señor Núñez, no abuse de su posición para pisotear a gente inocente! A Claudia siempre la han tratado injustamente. Es una buena persona y siempre lo ha respetado muchísimo. ¡Es obvio que Melisa lo puso en su contra! ¡Esa mujer está llena de resentimiento!

En cuanto Julio terminó de escupir esas palabras, la mirada de Mateo se volvió de hielo.

Ya no era solo indiferencia; su actitud cambió a la de un hombre poderoso al que una hormiga se atreve a retar. El ambiente se volvió asfixiante.

Ni siquiera tuvo que alzar la voz; le bastó con mirarlo fijamente con una frialdad implacable.

Mientras tanto, el señor Pérez, que estaba esperando a Mateo en el palco más exclusivo del club, se enteró de que su mayor socio comercial había tenido un roce en las gradas y bajó de inmediato.

—¡Señor Núñez! Ya abrimos la primera botella de la nueva cosecha de champaña, ¿qué hace aquí abajo? —El señor Pérez llegó con una gran sonrisa, rompiendo la tensión del ambiente—. Me dijo que me iba a presentar a su hermana, ¿es ella la señorita Núñez?

A alguien tan amable no se le podía hacer un desplante, y además Melisa sí tenía negocios que tratar con él, así que le jaló la manga a Mateo. —Mateo, ¿vamos al palco?

El señor Pérez siguió sonriendo y agregó: —Por cierto, alguien mandó un regalo sorpresa al palco. Todavía no sé qué es, ¿me acompañan a abrirlo?

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