Ángel, que se había enterado del chisme, fue directo a buscar a Melisa para contárselo.
—Los esposos Almeida andan preguntando en orfanatos por los trámites de adopción.
Melisa fingió sorpresa.
—¿Ah, sí? ¿Adopción? Pero si ya tienen un hijo.
—Uy, parece que con ese hijo ya tiraron la toalla y ahora quieren empezar de cero —bromeó Ángel—. Todo indica que de verdad van a desheredar a Julio.
Jimena estaba en shock.
—¡No manches! ¿A poco tienen el corazón tan frío?
A Ángel no le parecía nada raro.
—Julio siempre ha sido impulsivo y difícil de controlar. Se la pasó estudiando en el extranjero, así que nunca tuvo una relación muy estrecha con sus papás. Además, con el imperio que tienen los Almeida, no pueden dejarle el negocio a un inmaduro que piensa con las hormonas.
—¿Y nomás por andar con Claudia dicen que es inmaduro? —preguntó Jimena.
Ángel negó con la cabeza.
—En la madrugada reventó una noticia en internet. Como estamos en alta mar no hay buena señal, pero me acaban de avisar. Resulta que en los terrenos de Yago, el alcalde y dueño de la fábrica en La Esperanza con quien la señora Núñez tiene negocios desde hace años, desenterraron decenas de cuerpos. Y, para rematar, todos son de mujeres.
Jimena y los demás herederos que estaban escuchando sintieron que se les iba el aire.
—¡Híjole! ¿Me estás diciendo que la señora Núñez podría estar metida en esos asesinatos? ¡Qué mujer tan perversa!
—¿Y qué se puede esperar de Claudia, entonces? De tal palo, tal astilla.
—Con razón los Almeida prefieren mandar a su hijo a volar. Meterse con esa familia es embarrarse de porquería.
Ángel bajó la voz y añadió:
—Por cierto, las acciones de los Soto se están yendo a pique. En redes sociales la gente está exigiendo a gritos que Dani deje la presidencia de la empresa. Si la presión lo tumba, ¿qué va a pasar con la compañía?
Jimena respondió por inercia:
—Pues, ¿qué más? ¿No acaba de salir de la nada el segundo hijo de los Soto?

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