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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 632

La mujer al otro lado de la línea también se quejaba:

—Dicen que hoy vienen personas importantes a la reserva, y justo quieren usar a Sawa como publicidad por ser el león recién llegado. Además, ya había un acuerdo previo, prometimos entregarlo. No puedo detenerlos.

Lisandro soltó un pesado suspiro y pisó el acelerador a fondo.

Una hora después llegaron a la casa.

Al bajar de la camioneta, Melisa solo vio un gran terreno cercado con malla de acero, una cabaña de madera bastante amplia con una pequeña ventana abierta, el interior forrado con colchonetas y un par de leones de peluche.

Todo indicaba que en esa granja habían cuidado muy bien al león.

Melisa entró a la casa detrás de Lisandro.

Tras presentarse brevemente con la mujer, sacó un regalito.

—Traje unas botanas desde Monteverde, son especialmente para Aria.

—Aria está encerrada en su cuarto. Está haciendo un berrinche y no para de llorar por lo de Sawa —dijo la mujer, aceptando el regalo con gratitud antes de entregarle a Lisandro la llave de la habitación—. Tomen asiento, ahorita les preparo una jarra de té negro.

Lisandro tomó la llave y subió las escaleras.

—Iré a ver a Aria. Ojalá se anime un poco al ver el regalo y a su nueva amiga.

—¿Aria? —Lisandro abrió la puerta.

El cuarto infantil era pequeño, se podía ver todo de un solo vistazo.

Al no encontrarla, pensó que se había escondido en el clóset o debajo de la cama.

Checó por todas partes, pero no había rastro de ella.

Se le heló la sangre al instante.

Melisa lo vio bajar corriendo por las escaleras, gritando el nombre de Aria a todo pulmón, mientras le preguntaba a su esposa, que asomaba la cabeza desde la cocina:

—¡¿Dónde está Aria?! ¡No está en su cuarto!

La mujer se quedó pasmada.

—¡Es imposible! Yo misma la cargué hasta arriba y le puse seguro a la puerta. ¿No acabas de abrir con la llave?

—¡Pues sí, pero no está adentro!

Lisandro salió corriendo al patio, gritando su nombre.

Melisa presintió que algo andaba mal y lo siguió.

Al alzar la vista, notó que la ventana del cuarto estaba abierta de par en par. Justo debajo había un techo inclinado que daba hacia unos fardos de heno apilados junto a la pared.

De inmediato le compartió su teoría a Lisandro, y, efectivamente, él encontró el broche de cabello de la niña tirado entre el heno.

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