El encargado de hacer el contacto explicó en voz baja, visiblemente avergonzado:
—El hacker número uno de la dark web es El Dragón, pero solo acepta trabajos si está de buen humor. Por eso «solo» pudimos contratar a Fantasma.
—¿«Solo»? —La mirada de Fantasma se volvió sombría—. Qué forma de humillarme. ¿Acaso les ofende haberme contratado?
De pronto, tecleó rápidamente en la computadora inservible, cerró la pantalla de golpe y, al pasar junto al ministro de justicia, le lanzó una mirada gélida.
Menos de cinco minutos después de que Fantasma se marchara, y mientras el ministro aún echaba humo por las orejas, otra pésima noticia azotó el departamento.
Todo el sistema judicial había sido hackeado. Una inmensa cantidad de expedientes y documentos clasificados acababa de filtrarse.
El ministerio entero quedó paralizado al instante.
Afuera, Fantasma encendió un cigarrillo, miró de reojo el imponente edificio y sonrió con desdén.
—Quizá no sea rival para El Dragón, pero destruir una barrera de seguridad tan mediocre como la suya es un juego de niños.
El Ministerio de Justicia y el buró de investigación habían sido aplastados en esa guerra cibernética.
Debido a la masiva filtración, los ciudadanos comenzaron a guardar y desenterrar numerosos archivos irregulares.
En un abrir y cerrar de ojos, toda la República de Monteverde entró en conmoción.
***
En la residencia de los Núñez, Melisa soltó un suspiro de alivio al ver el sistema de defensa estabilizado y cómo el extraño flujo de datos, que había actuado como un ángel de la guarda, desaparecía silenciosamente.
Antes de irse, Gonzalo le dejó un mensaje en su pantalla:
[A la próxima me invitas una Maruchan, Melisa, pero de las que traen langosta.]
Melisa leyó el mensaje y luego volteó a ver a Dani, quien acababa de entrar a la habitación. Llevaba puesto su impecable uniforme militar, viéndose tan imponente como siempre. Ella lo miró con curiosidad.
¿Por qué traía puesto el uniforme militar de repente?
Dani se acercó y le dijo en voz baja:
—Se llama Gonzalo. Es el hacker número uno de la dark web y trabaja para mí.
Con razón la había tratado con tanta familiaridad.
Melisa asintió, mirando la pantalla en calma.
—No pensé que los Durán también se posicionarían públicamente —comentó Melisa.
—Una decisión inteligente.
...
Tras la derrota cibernética, ni todo el ejército de bots de internet pudo contener la furia del pueblo. Multitudes exigían que el presidente cumpliera con su deber y no permitiera que los culpables quedaran impunes.
La presión popular era tan fuerte y justificada, que ni el gabinete entero habría podido evitar que el presidente tomara cartas en el asunto.
Como resultado de la filtración del Ministerio de Justicia, el presidente ordenó investigaciones exhaustivas sobre los expedientes alterados, lo que derivó en decenas de demandas judiciales tras las revisiones.
Llegados a este punto, ni siquiera los contactos de Iván servían. Todo el poder judicial se había quedado quieto, sin atreverse a mover un dedo por miedo a ser investigados.
Por su parte, Ramiro seguía aferrado a que todo en internet era falso, creyendo que, incluso si lo condenaban, podría librarse de la pena de muerte.
Vera no dejaba de caminar de un lado a otro en su casa. La ansiedad le estaba haciendo perder el cabello a mechones. Se acercó a la puerta para encarar al policía y le gritó en voz baja pero furiosa:
—¡¿Por qué tengo que estar bajo arresto domiciliario?! ¡Ya pagaron mi fianza, esto no tiene nada que ver conmigo! ¡No tienen derecho a encerrarme, tengo una vida que seguir!

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