Melisa asintió.
—Sí, el abuelo dice que los contratan de tiempo completo.
La señora Del Ríos frunció el ceño.
—La Navidad es para pasarla con la familia. Veo a algunas personas que casi tienen mi edad; deberían darles unos días libres, por lo menos para que vean a los suyos en estas fechas.
Melisa no se opuso, de hecho, asintió.
—Puedo ir a platicar con el mayordomo, pero eso significa que mañana la comida va a correr por nuestra cuenta.
—Estaré vieja, pero no tanto como para no poder preparar tres comidas para la familia —asintió la señora Del Ríos.
—Primero voy a preguntarles a mis hermanos qué opinan —sonrió Melisa—, y luego le digo al mayordomo que les dé una semana de vacaciones para que pasen la Navidad en sus casas.
—Me parece perfecto.
Como era de esperarse, bastaba con que Melisa lo sugiriera para que nadie en toda la casa se opusiera.
Incluso los tres hermanos decidieron levantarse temprano al día siguiente para ayudar a la señora Del Ríos en la cocina.
La señora Del Ríos no cabía de felicidad.
—Con la intención basta. Las manos de tus hermanos están hechas para cosas importantes, dudo mucho que sepan cocinar.
—Todos debemos colaborar, nadie tiene derecho a sentarse y que le sirvan sin hacer nada —dijo Melisa muy en serio—. Además, no queremos que usted trabaje demasiado, abuela.
Conmovida, la señora Del Ríos le acarició la mejilla a Melisa.
—Ay, Melisa, de verdad has cambiado. Ahora expresas más tus sentimientos, y eso me da mucho gusto.
Melisa sonrió dulcemente.
Catalina, que había estado descansando en el sofá, observó toda la interacción.
Llamó a Melisa y le dijo muy seria:
—Cariño, descansa mucho, no te canses.
—No estoy cansada, estoy muy feliz —respondió Melisa.
Catalina no dijo más, solo asintió, aunque parecía tener su propio plan en la cabeza.
***
Temprano a la mañana siguiente.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA