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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 680

Melisa asintió.

—Sí, el abuelo dice que los contratan de tiempo completo.

La señora Del Ríos frunció el ceño.

—La Navidad es para pasarla con la familia. Veo a algunas personas que casi tienen mi edad; deberían darles unos días libres, por lo menos para que vean a los suyos en estas fechas.

Melisa no se opuso, de hecho, asintió.

—Puedo ir a platicar con el mayordomo, pero eso significa que mañana la comida va a correr por nuestra cuenta.

—Estaré vieja, pero no tanto como para no poder preparar tres comidas para la familia —asintió la señora Del Ríos.

—Primero voy a preguntarles a mis hermanos qué opinan —sonrió Melisa—, y luego le digo al mayordomo que les dé una semana de vacaciones para que pasen la Navidad en sus casas.

—Me parece perfecto.

Como era de esperarse, bastaba con que Melisa lo sugiriera para que nadie en toda la casa se opusiera.

Incluso los tres hermanos decidieron levantarse temprano al día siguiente para ayudar a la señora Del Ríos en la cocina.

La señora Del Ríos no cabía de felicidad.

—Con la intención basta. Las manos de tus hermanos están hechas para cosas importantes, dudo mucho que sepan cocinar.

—Todos debemos colaborar, nadie tiene derecho a sentarse y que le sirvan sin hacer nada —dijo Melisa muy en serio—. Además, no queremos que usted trabaje demasiado, abuela.

Conmovida, la señora Del Ríos le acarició la mejilla a Melisa.

—Ay, Melisa, de verdad has cambiado. Ahora expresas más tus sentimientos, y eso me da mucho gusto.

Melisa sonrió dulcemente.

Catalina, que había estado descansando en el sofá, observó toda la interacción.

Llamó a Melisa y le dijo muy seria:

—Cariño, descansa mucho, no te canses.

—No estoy cansada, estoy muy feliz —respondió Melisa.

Catalina no dijo más, solo asintió, aunque parecía tener su propio plan en la cabeza.

***

Temprano a la mañana siguiente.

Su lógica no era clara, pero lo que querían decir sus acciones era evidente: le estaba haciendo el desayuno a toda la familia, pero en especial a su «cariño».

—¿Escuchaste mi plática de anoche con Melisa y querías que ella descansara? —La señora Del Ríos lo entendió de golpe, y se le cristalizaron los ojos.

No actuaba con la razón de un adulto, sino movida por el instinto de una madre; de verdad veía a Melisa como a su propia hija.

Con la voz entrecortada, la señora Del Ríos se apresuró a quitarle la espátula de las manos.

—Yo te ayudo, siéntate a descansar un rato.

***

Cuando Melisa, los hermanos Núñez y Dani bajaron las escaleras, seguían poniéndose de acuerdo en cómo repartirse las tareas para hacer el desayuno.

No fue sino hasta que entraron al comedor, platicando y riendo, que se encontraron con esta escena.

La mesa estaba llena de platillos deliciosos. La señora Del Ríos estaba ayudando a servir el último huevo estrellado, mientras Catalina estaba sentada tranquilamente en la mesa.

—¿No habíamos quedado en que todos haríamos el desayuno juntos? ¿Por qué la abuela se levantó temprano a hacerlo sola? —preguntó Melisa de inmediato.

—Usted ya está mayor, no podemos dejar que haga todo el trabajo sola —agregó Mateo con tono de reproche.

—¡No fui yo! —La señora Del Ríos soltó el plato de volada, se acercó a Catalina y le puso las manos en los hombros—. Todo el desayuno de hoy lo preparó Catalina sola. Para cuando bajé, ella ya casi había terminado todo.

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