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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 69

En ese entonces, todos estaban convencidos de que Melisa quería matar a Homero; que lo había envenenado y por eso vomitaba sangre. Por eso la echaron.

Después, sin los medicamentos de Melisa, Homero pronto dejó de poder caminar y se fue para abajo rapidísimo.

Bernal apretó los labios y habló con cautela:

—Mamá… yo creo que quizá Melisa no quería hacerle daño. Tal vez usó medicamentos para sacar el veneno… y por eso él vomitaba sangre. Médicamente, no es imposible. A lo mejor… de verdad la malentendimos.

La señora Serrano miró sus piernas y murmuró:

—Ahora que lo pienso… los masajes de Verónica no me ayudaron gran cosa. Desde que dejé de tomar lo otro, cada día me duele más…

En ese momento se abrió la puerta del cuarto. La empleada entró, dejó los recipientes de comida y sacó una hoja del bolsillo para dársela a Bernal.

—Es la receta que la señorita Melisa le dejó a la señora cuando todavía vivía con ustedes. A lo mejor el señor Bernal puede conseguir los medicamentos por su cuenta.

Bernal la revisó por encima. Reconocía la mayoría: eran carísimos y rarísimos. Y en una farmacia normal ni de chiste los conseguías; solo Novygen Biotecnología podía tener algo así.

Por dentro se le vino el mundo encima. Ni con descuento de cliente VIP le alcanzaría para comprar todo eso.

La voz le tembló.

—¿Me está diciendo que… esto lo recetó Melisa?

La empleada asintió.

—Sí. Antes, la señorita Serrano los mandaba periódicamente. Desde que se fue, dejaron de llegar.

La señora Serrano preguntó, desconfiada:

—¿Y qué? ¿Son malos? ¿Melisa también me dio cosas tóxicas?

—No. Son medicamentos de primer nivel —a Bernal le temblaban hasta los labios—. Todo junto… vale más de cien millones.

A la señora Serrano se le abrieron los ojos. El vaso que tenía en la mano se le fue y se estrelló en el piso; el agua salpicó.

—¿Más de cien millones? —se le quebró la voz, y se aferró a las sábanas—. ¿De dónde sacó tanto dinero esa muchacha? Si hasta para la escuela—

La persona de recepción, al escuchar el motivo, contestó con frialdad:

—Doctor Serrano, esos insumos fueron comprados por completo el año pasado por un cliente anónimo. Además, como usted ya no es cliente VIP de Novygen Biotecnología, a partir de hoy no volveremos a tomar sus llamadas. Que tenga buen día.

Bernal se alteró.

—¿Que ya no soy VIP? ¿Por qué?

No hubo respuesta. La llamada se cortó.

En el cuarto quedó un silencio pesado. La señora Serrano recordó esa figura bajo el reflector en el centro comercial, y cómo los guardaespaldas decían con respeto “señorita Núñez”.

Con la mano huesuda, se aferró a la bata blanca de su hijo. De su garganta salió un sonido áspero.

—No… no puede ser… imposible…

***

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